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¡Salve Regina! Una fiesta que debe alegrarnos el corazón

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El 22 de agosto celebramos la fiesta de María Reina y podemos juntos proclamar que tenemos por Madre a la Madre de Dios, Reina del Cielo y del Mundo.

Una semana más tarde de la Solemnidad de la Asunción, volvemos a festejar a María, ahora como reina. Te invito a pensar por un momento: ¿qué me puede decir hoy, esta gran solemnidad?, ¿Reina María en nuestras vidas?, descubramos qué nos quiere enseñar la Madre de Dios en esta solemnidad.

«Bienaventurada me llamarán todas las generaciones»

Cuanta razón las palabras de María en el Magnificat, y es que desde siempre y hasta el final de los tiempos todos la llamaremos Bienaventurada, y cómo no hacerlo, si es Ella quien más gracia encontró ante los ojos de Dios.

Cómo no llamar dichosa a aquella «Virgen hermosa de la que celos tiene el sol, porque vio en sus brazos otro sol mayor» (Lope de Vega, Pastores de Belén).

Es su docilidad, es su fe, es su caridad, lo que hacen que nos unamos a las alabanzas de tantos santos en la historia y juntos elevemos un clamor diciendo junto a Santa Isabel «Bendita tú entre las mujeres» (Lc 1, 43).

Hoy el mundo nos propone imitar a muchas personas: modelos, artistas, futbolistas, etc. Yo te quiero invitar a que nos propongamos imitar a aquella que halló gracia delante de Dios (Lc 1, 28), porque como lo dice san Luis María Grignion de Montfort «Dios reunió todas las gracias y las llamó mar, Dios reunió todas las gracias y las llamó María», y siempre recuerda quién mejor para llevarte a Jesús que su Madre.

María hazme música de Dios

Si miramos a nuestro alrededor, hay indiferencia, hay dolor, hay inquietud, quizá nosotros ahora mismo podemos estar abrumados sin saber qué hacer. Debe ser esta la solemnidad de María Reina, la fiesta que encienda nuestra esperanza, que traiga paz a nuestro corazón. Y es que saber que en el cielo tienes una madre que te cuida, que no es ajena a tu dolor, debe de avivar en ti la llama de la esperanza.

María no está en el cielo como espectadora de lo que te pase, ella no ve de lejos tus luchas, Ella como buena Madre que es vela por ti, está a tu lado e intercede por ti ante su hijo Jesús, y es que una Madre no es sorda a un pedido de sus hijos y menos María la más hermosa y tierna de todas las madres.

Aprovechemos esta fiesta, para pedirle que nuestra vida sea una melodía de amor para los demás, que María haga de ti y de mí, música de Dios, que seamos melodía de paz y consuelo para este mundo tan lastimado, tan herido, tan desolado y que ella que vivió de amor, incendie el mundo entero con su paz.

«Mira la estrella, clama a María»

Siempre es bueno tener presente que «si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira la estrella, clama a María» (san Bernardo Abad), así como la estrella es para un marinero perdido suficiente para encontrar su camino, en medio de tu oscuridad mira al cielo, mira a la «Stella Maris», verás como por más perdido que parezca que puedas estar, esta Madre de amor siempre te llevará a puerto seguro.

No es una frase que se escuche bonita, es una realidad, María siempre nos mostrará el camino, por más desolado, por más alejado que te puedas sentir, recuerda siempre una madre nunca se cansará de esperar. Menos esta dulce Madre que entendió el amor, que sabe que valemos la sangre de su Hijo muy amado.

Por más abatido que estés siempre podrás clamar ese dulce nombre, ese nombre que fue miel para tantos santos, para tantos doctores de la Iglesia, y que puede ser paz y consuelo para tu corazón. Recuerda desde el cielo tu Madre te guarda y te cuida siempre.

«No descansaremos hasta ver el mundo rendido a los pies de la Inmaculada»

Celebremos esta solemnidad con un corazón alegre y esperanzado, celebremos a María aquella Madre que nos ama y nos cuida, y recordemos que ella nos ha pedido que el mundo entero se consagre a su Corazón Inmaculado, te invito a que sea esta fiesta el inicio de un idilio con esta Madre tan buena y tan dulce.

Te invito a que esta doncella que hoy en el cielo te mira, sea quien te mueva, sea a quien quieras imitar y que sea Ella quien te conduzca al buen Dios, recuerda no estás solo nunca, en el cielo tienes una Madre que cuida de ti, que te ama y que siempre estará presta a auxiliarte.

No hay excusa que valga para nosotros

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