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La presencia de María en la vida del Cristiano

Virgen Consagración

Por eso deseo aprovechar la ocasión para compartir mi testimonio y sencillos versos que nacieron una mañana al estar en oración. Con ello, también, dar a María la importancia que se merece y colaborar con ella para salvar al mundo.

En febrero de 2022 me sucedió algo extraordinario fue el día de mi consagración a la Virgen. Primera experiencia. Y digo primera, porque sé que otros se han consagrado muchas veces, este encuentro con María fue único, especial y espero como ellos seguir consagrándome a ella. Me siento, infinitamente, agradecida de que me haya llamado a compartir el amor de su hijo, a través de la palabra y su presencia en mi vida.

Desde ese veintidós (22) de febrero no he dejado de presentarme ante María, orar, hacer el rosario, conversar, entregarle mis inquietudes y necesidades, mis dudas y preguntas.

Cada vez que converso con ella, que la miro, que le sonrío, me digo: “estoy loca”. Quizá sí. Pero loca de amor, de confianza, de tranquilidad, de credibilidad, de respeto, de admiración. Cuando me siento frente a Ella acuden a mi mente todas las personas (amigos, familiares, hasta las que no conozco) y, que de una u otra manera, sé que podrían regocijarse con su compañía, con la paz, la seguridad que regala el estar en su presencia, y que va calando en el corazón.

María, presencia importante en nuestras vidas

Ahora comprendo al “buen padre de Montfort” así lo llamaban. Y hoy, como él, no quiero “caminar a la moda en la predicación… no quiero buscar la admiración y el aplauso, sino el provecho de las gentes”. Y es aquí donde la existencia de la virgencita se hace necesaria, tiene mucho que ver con la historia de la salvación, y esta no podrá entenderse sin la comparecencia de María. “Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley”. (Ga 4, 4-5). Significa, en tal caso, que su presencia es importante en nuestras vidas.

¿Quién es María?

Dios nos regala a su Hijo —la Sabiduría encarnada— por medio de María.

Emular a Jesús

Si Jesucristo se sometió a María, ¿por qué no lo hacemos nosotros? No perdemos nada. Si emulamos a Jesús, si somos obedientes y sumisos ganaremos todo. Y si deseamos tener a Jesús debemos tener a nuestra Señora la virgen. Ella nos ayudará a descubrir el medio fácil y seguro para encontrar a nuestro Señor Jesucristo.

Al consagrarme a la Virgen he aprendido a consagrarme a Jesucristo, he aprendido poco a poco a ponerlo todo en sus manos, a pensar antes de actuar, a tenerla presente en mi diario vivir, a pedirle que interceda ante su hijo por mis necesidades.

Que ilumine mi mente y mis palabras para dar testimonio del cambio que en estos nueve meses Ella ha hecho por mí. Y como san Luis María Grignion de Montfort, diría (sin exagerar)

“Si supiera que mi sangre pecadora serviría para hacer penetrar en tu corazón, lector amigo, las verdades que escribo en honor de mi amada Madre y soberana Señora, de quien soy el último de los hijos y esclavos, con mi sangre —en vez de tinta— trazaría estas líneas”.

Busca a María, la Virgen y descubrirás los resultados maravillosos que obtendrás.

“Gracias, Señor Jesucristo, por haberme concedido la gracia de consagrarme a María”.

Una mañana al despertar y sentarme frente a la imagen de María, me sentí ¡tan feliz, tan agradecida! que en ese instante comencé a escribirle esta Plegaria que quiero compartirles.

Mi Plegaria

Buenos días virgencita,
buenos días Papá Dios,
buenos días a la vida,
buenos días al sol.

Gracias mi Señor,
por el regalo de hoy,
por el aire que respiro,
por las flores,
por la claridad de mis sentidos,
por Ti, mi Dios

Gracias por sentir
lo que siento.
Gracias porque palpita mi corazón
gracias por estas gracias que
hoy te doy.

Gracias porque no olvido
a quien todo me dio.
Estas gracias que brotan
con gozo, con amor
son el regalo que recibo
al estar en oración.

No permitas, virgencita,
que me aleje
de Ti y de tu Hijo
que, por nosotros sufrió.
Que en las buenas y
en las malas
nunca nos abandonó.

Lo que siento, Señora,
tengo que cantarlo al viento.
Así mismo, deseo
que el mundo entero
te diga, diariamente:
Te quiero.

Mi dicha es infinita,
no llegó de la nada
llegó por mis súplicas
de cada mañana.

Ojalá esta sensación creciera
y creciera y se multiplicara
en el corazón de tus hijos.
Sus almas estarán, sin duda
colmadas de regocijo.

Debemos tener claro que Dios nos dio a su Hijo por medio de María, Dios Hijo se hizo hombre para todos solamente por medio de María, El Espíritu Santo solo formó a Jesucristo por ella ¿Podremos, entonces, dejar a un lado a nuestra Madre espiritual y no consagrarnos a Ella para ir a Dios?

Consagrémonos a María y así procurar la mayor gloria de Dios.

 

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