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UNIDOS PARA SER LIBRES Y FELICES

Durero, lobos alfa

El Señor nos está escuchando ahora, a ti y a mi.Está muy cerca y quiere lo mejor para nosotros. Dios es quien más nos quiere y nos quiere unidos. Que estemos unidos: ¡Unidos somos libres y felices! 

Hoy se reclama mucho la unidad, todo el mundo quiere la unidad: los políticos en los trabajos, en las mismas familias. Pero vemos que todo está desunido. Es increíble, vemos un mundo desunido. Y sin embargo, la unidad es esencial para que las cosas caminen y funcionen.

A Dios le pedimos la unidad, porque Él mismo nos pide a nosotros la unidad. Él nos dice:

«Que todos sean uno, como mi padre y yo somos uno»

(Jn 17, 21).

El Señor nos enseña a estar unidos, y nos hace ver que la unidad no es uniformidad porque somos personas distintas. También cuando estudiamos a las Tres Personas Divinas, decimos tres personas distintas y un mismo Dios. Tres personas distintas. 

Nosotros también somos personas distintas. Tenemos distintos temperamentos, gustos, opiniones, habilidades, capacidades y nos proyectamos a ideales distintos, diferentes. 

Cada uno tiene sus ideales, sus ambiciones, sus ilusiones. En nuestra misma familia cada uno toma rumbos distintos. Y eso lo vemos en todas las familias. 

UNIDAD ENTRE TODOS

Y entonces, ¿qué es la unidad? ¿Cómo podemos estar unidos las personas diferentes y distintas precisamente allí? Cuando admiramos y respetamos esas diferencias y queremos a las personas con sus temperamentos y gustos distintos, con sus opiniones distintas y habilidades distintas, cuando nos encanta ver a las personas en sus cosas, entonces las amamos, las queremos, las respetamos. 

Y podemos conversar, podemos estar en comunicación, no nos aislamos. Los problemas vienen cuando no entendemos o no comprendemos a los demás, y entonces no queremos saber nada de la otra persona y nos aislamos, nos encerramos o nos escapamos. 

Yo te cuento una historia, una anécdota de san Josemaría Escrivá. Él tenía en su escritorio un aislador. ¿Y por qué tenía un aislador en su escritorio? Porque lo miraba siempre, para no ser así. Él decía que teníamos que ser ‘comunicadores’.

Y nosotros, cuando queremos a los demás, estamos comunicados con ellos, estamos cerca. Queremos transmitirle cosas a los demás, queremos escucharles. 

Pero cuando no queremos a los demás, nos escapamos, nos escondemos, no quiero encontrarme con esa persona y creemos que somos libres cuando estamos solos y decimos: —Yo decido que nadie se meta con mi vida, no me presionen. Y nos parece que tenemos ahí libertad. Y no nos damos cuenta que no la tenemos, que la perdemos. Cuando no queremos escuchar los consejos. 

AMISTAD Y UNIÓN

Vemos en muchas casas desuniones en hogares que parecen pensiones, donde cada uno está aislado, donde se meten en su cuarto… 

Y nos puede pasar a todos, nos metemos en la computadora y los hermanos, los parientes, son personas que están allí, nos chocamos con ellos, tenemos como parachoques y pensamos que nos llevamos bien, que todo está bien, pero realmente estamos aislados. Y eso no quiere Dios. Dios quiere que estemos unidos. 

Igual puede pasar en un colegio o en una universidad: que una persona vaya a sus clases, se lleve bien con sus colegas, con sus compañeros; pero no hay amistad, no hay la unidad que debe haber. 

A veces se forman grupitos y se pelean entre unos y otros; ésta me cae bien, el otro me cae mal y allí pues las personas como que se alejan, se separan y se enfrían.

Lo mismo puede pasar en los trabajos, que el diablo nos tienta para estar desunidos, y Dios quiere que estemos unidos, que estemos unidos siempre en la casa, en la universidad, en los trabajos, en el país y en el mundo. 

El mundo está en guerra, está en conflicto, hay personas totalmente en contra de otras y vemos como se maltratan unos y otros; y esto no quiere Dios. Tenemos que cambiar, y nosotros tenemos que ir por delante. 

Dios nos está hablando ahora, en este momento de oración, para que nosotros seamos vínculos de unidad, para ser puentes. 

UN MANDAMIENTO NUEVO

¿Y en qué nos vamos a fijar? En el primer mandamiento:

el amor a Dios sobre todas las cosas.

Ese es el mandamiento que el Señor nos ha dado, el primero. 

Y en el Nuevo Testamento aparece el mandato nuevo:

«Un mandato nuevo os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado»

(Jn 13, 34-35).

No como se ama a una persona con otra persona, sino como Él nos ha amado, así tenemos que amar. 

Y así es cuando amamos al prójimo, cuando queremos desigual a los que son desiguales, entonces tengo que poner más cariño en aquella persona que lo necesita más. Tengo que atender más a esa persona que le hace falta que lo atienda en ese momento. Y entonces yo disfruto, todos disfrutamos. 

Cuando vemos las desigualdades, vemos esas diferencias más que desigualdades, diferencias. Porque cuando vemos desigualdades, queremos que todos sean iguales, queremos darle la justicia, la constante voluntad de darle a cada uno lo suyo…

Quisiéramos que todos tuvieran los recursos, que todos tuvieran los conocimientos, -ese es el deseo de toda persona buena-, pero las personas son distintas en temperamentos, en sus conductas, en sus modos y tenemos que querer a todos y disfrutar lo que otros disfrutan. 

ESO ES AMOR

Te cuento una anécdota de mi familia: A mi papá le encantaban los toros. Pero a mi mamá no le gustaba. Sin embargo, mi mamá iba y disfrutaba ver a mi papá feliz. 

Y cuando nos llevaban al cine para ver las películas de Cantinflas, ellos no miraban la película, nos miraban a nosotros que nos reíamos mirándola. ¡Eso es el amor! 

Y luego la unidad en la amistad, que es querer bien a la otra persona, tener muchos amigos y evitar los egoísmos, la complicidad. Y eso se obtiene cuando se ama a Dios, cuando se ama la verdad, cuando se ama el bien, entonces se quiere el bien para nuestros amigos. 

Que nuestros amigos sean buenos, que nuestros amigos se acerquen a Dios, que nuestros amigos sean felices viviendo la unidad también con Dios, con su familia, con sus amigos, en sus trabajos… 

Entonces, cuando escuchamos que todos somos uno, como mi Padre y yo somos uno, es el gran consejo que el Señor nos da; y que además la unidad es una propiedad del matrimonio y es una nota de la Iglesia.

El matrimonio debe estar unido por el amor entre el hombre y la mujer, entre los esposos, y luego también con los hijos. Y la Iglesia debe estar unida desde el Papa hasta el último fiel. 

Todos unidos con la jerarquía de la Iglesia, el Papa, los obispos, los sacerdotes y los fieles.

Le pedimos a nuestra Madre, a la Virgen, que Ella nos ayude a estar unidos a Dios. Ella es el camino para ir a Cristo: “A Jesús se va y se vuelve por María”.

María nos ayudará a vencer los obstáculos y dificultades, todo lo que nos impide estar unidos para ser esos puentes que tenemos que ser y lograr con nuestra comunicación: ¡Acercar a mucha gente a Dios para que sean felices de verdad!

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