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SUBIÓ A LOS CIELOS

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ASCENSIÓN DE JESÚS AL CIELO

Celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión de Jesús al Cielo. “Tú vuelta al Padre, Señor, después de tantos años junto a nosotros; y después de estos últimos 40 días en que estuviste resucitado, apareciéndote en Galilea, en aquella pesca milagrosa, donde pudiste hablar muchas cosas con tus apóstoles. Después les indicaste que fueran a Jerusalén”.

Y allí nos cuenta el Evangelio de la misa:

“Los sacó hacia Betania y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios.”

(Lc 24, 50-53).

Nos puede sorprender cómo volvieron con gran alegría. “Señor, si te acabas de ir, si ya no estás a su lado. No les dio tristeza que ya no te tenían junto a ellos los apóstoles.”

“Podemos meditar, en estos 10 minutos con vos, Señor, que realmente hay motivos para llenarse de alegría y entusiasmo en esta fiesta en que te vemos subir junto al Padre. Y maravillarnos así de nuestra fe, de la revelación que nos das a través de la Iglesia, Señor. Que estos misterios iluminan nuestra vida.”

Vamos a procurar, también, sacar algo concreto en este reto de oración, para que nos ayude a que, efectivamente, no nos cambie nuestra fe. Que la podamos vivir.

MOTIVOS DE ALEGRÍA

El primer motivo de alegría es que “sos Jesús” en Tu humanidad, al subir al Padre, glorificado, vas al lugar que te corresponde. Después de haberte hecho Hombre, de haber sido uno más; después de haber sufrido las cosas normales que este mundo nos lleva a sufrir a los hombres, incluso, humillaciones y la muerte; ahora Tu Humanidad alcanza la gloria, has vencido el dolor, el sufrimiento, las humillaciones… y estás junto a tu Padre.

Tu cuerpo no es como una carga, sino que está glorificado. Es motivo de gozo, es una muestra de Tu triunfo, Señor; y eso es muy bueno.

En segundo lugar, nos alegramos porque a la vez que te vemos subir sabemos, Señor, que no es que te vas porque tienes otras cosas que hacer, como quien dice: no me puedo ocupar de ustedes, ahora tengo que estar en la Trinidad y con los santos del Cielo y los ángeles…Y, bueno, lo lamento, ya me tuvieron por un tiempo y se acabó… No, no es así.

Lo vemos en especial, porque, justamente, volvés al Padre, pero con Tu Humanidad. Dios, Hombre está para siempre en la Trinidad; y es tremendo, es impresionante esto. Es para que nos admiremos que Dios haya tomado nuestra naturaleza, no sólo por un tiempo para salvarnos, para cumplir una misión, sino para siempre.

Jesucristo es ayer, hoy y siempre y para siempre; tendrá unida así su naturaleza humana. Hay un Hombre metido en Dios, que es Jesucristo.

“Y por eso, no sólo no te olvidas, Señor, de nosotros; sino que nos haces continuamente presentes al Padre, continuamente presentes en la intimidad de Dios.”

Pensaba… si tuviéramos ahora, quizá alguno está haciendo la oración con este audio, le pasa que tiene algún conocido, pariente en alguno de los países que están en guerra o en Rusia o en Ucrania o algún país vecino.

Y, ¿si tuviéramos un pariente en Ucrania? Probablemente tendríamos mucho más presente la situación que están viviendo allí, lo seguiríamos de cerca, estaríamos preocupados, nerviosos, rezando. Porque tenemos a alguien que está ahí, lo tenemos más metido en el corazón porque lo queremos y que está en aquella situación.

Y resulta que tenemos a alguien, a nuestro AMIGO -con mayúsculas-, nuestro Hermano, nuestro Salvador… está en el Cielo; nos hace presentes en el Cielo. En el Cielo está mi amigo.

El Cielo es un lugar más cercano para mí, porque ahí está Cristo que vino, que se acercó a mí; “que me salvaste, Señor, que me curaste, que me levantaste. Y ahora estás de vuelta junto al Padre.”

“Y como, además, te las ingenias para quedarte también con nosotros en la Eucaristía, en la oración -por eso te podemos hablar ahora-, en la Sagrada Escritura; al ponernos en contacto con vos, Jesús, nos ponemos en contacto con el
Cielo. Eso es un motivo de alegría.

Y un tercer motivo es de esperanza, porque al verte así, glorificado, vemos que nos estás preparando el camino, como Tu mismo dijiste: que hay muchas moradas para nosotros en el Cielo, que tu Padre nos preparó. Te vemos, Señor y vemos dónde tenemos que llegar.

MIRAR AL CIELO

Te vemos y decimos: esto que yo día a día toco y siento y que a veces son realidades difíciles que nos desgastan, nos cansan en esta tierra, no es lo único que hay. Estamos acá como peregrinos. Y si te vemos a vos miramos al cielo….

En una de las lecturas, la primera lectura de la misa de hoy, los ángeles le decían -cuando subiste al cielo, Jesús- a los apóstoles:

“Galileos, ¿qué hacen ahí plantados, mirando al cielo? Y el mismo Jesús, que los ha dejado para subir al cielo, volverá cómo lo vieron marcharse.

(Hch 1, 11).

Pienso, que nosotros podemos, a veces, muchas veces, mirar al Cielo. ¿Qué hacen mirando al cielo? Ahí estamos mirando a Cristo. Estamos mirando la realidad de un modo más completo, porque los sentidos no nos dicen todo, hay algo más.

Por eso Tu Ascensión al Padre, a los Cielos nos llena de esperanza en el caminar y sabemos a dónde vamos, sabemos a dónde vamos… Además, Cristo resucitó, fue glorificado, permanece en su naturaleza humana glorificada, no se desentiende de la creación.

“Ya en vos mismo, Señor, estás haciendo nuevas todas las cosas y nosotros somos de Cristo, nosotros participamos de Tu historia, Señor; podemos experimentar como un inicio de esa glorificación que tendremos en el Cielo o en los cielos nuevos, la tierra nueva cuando resucitemos con un cuerpo glorioso.”

Pensá, ahora, si vivimos en gracia -consecuencia de la redención que vos Jesús obraste- ya recibimos parte de esa gloria, es ya un adelanto.

Y si llevamos todo lo que tocamos, por así decirlo, todo con lo que nos ponemos en contacto de esta creación hacia Dios, con el amor y la obediencia, procurando unirnos a Cristo en lo que hacemos, en el trabajo, en el trato con los demás, también estamos glorificando la creación, llevándola a su verdadero fin, con nuestra libertad a través de la gracia.

¿Cómo se hace eso? Bueno, ofreciendo algo que nos cuesta, un dolor, a veces agradeciendo a Dios las cosas que tenemos, haciendo las cosas -y muchas veces igual-, pero de otra manera, cuando las hacemos con Cristo y para el Padre: “Vamos a hacer esto juntos, Jesús”. Ahí estamos ya glorificando también; llevando a su verdadero fin a la creación, toda la creación material: con nuestra libertad, con nuestro amor.

Así hizo muestra Madre, la Virgen. Ella fue elevada un cuerpo y alma al Cielo “La Asunción”, es distinto. Y toda su vida terrena fue como un canto de correspondencia a la gracia para vivir cada momento con la mirada en el Cielo, con la mirada también a lo sobrenatural.

Vamos a alegrarnos por esta fiesta y pedirle a nuestra Madre que nos ayude a mirar a su Hijo glorificado y a caminar hacia Él llevando hacia Dios, todo lo que hace nuestra vida.

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