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Refugio Incomparable

Refugio chile

En esta quinta semana de Pascua seguimos metidos, por así decir, en la intimidad del cenáculo, cuando Jesús abre su corazón, confía lo más íntimo de sí mismo a los discípulos y nosotros, los cristianos, tenemos esta suerte inconmensurable de estar también allí.

¿Qué gran cosa, verdad? Estas palabras de san Juan que nos permiten asomarnos a ese tesoro infinito, de gracia, de amor, de misericordia, de ternura, de bondad, de sabiduría. Que Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret, que habla con su Padre Dios y también se dirige desde esa misma intimidad trinitaria a sus discípulos y en ellos a cada uno de nosotros. Porque estas palabras dirigidas a ellos, al grupo de los 12, incluido Judas, también están dirigidas a cada uno de nosotros. Están dirigidas a ti, a mí.

Evangelio de hoy

El Evangelio de hoy, una auténtica joya que no nos cansaremos nunca de meditar para que nos transforme la palabra de Cristo. No basta con conocer los Evangelios. No basta con escuchar las palabras de Jesús. Ni siquiera sería suficiente meditarlas. Hace falta que nos transformen, que nos iluminen por dentro de tal manera que nos cambien, una nueva manera de vivir, una nueva manera de pensar, una nueva manera de mirar a uno mismo y a los demás.

Y por supuesto Dios, una nueva manera de sentir. Desde el corazón de Jesucristo contemplar su corazón sacratísimo. Y desde allí, desde esa oración contemplativa, dejarnos transformar, porque de eso se trata dejarnos transformar por la palabra transformadora, la fuerza de la palabra de Cristo.

Si, como las palabras de la consagración tienen la fuerza, la omnipotencia de transformar, o más bien transustanciar? Transustancia. Transustancia. Perdón el pan y el vino en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús. También sus palabras tienen esta fuerza transformadora en nuestros corazones.

Pedir

Pidámosle, Jesús, Señor, que yo te escuche a Ti y que me dejes cambiar por Ti, que no me quede en un plano meramente de información. Ayúdame a entrar en el terreno de la transformación. Déjame. Dame la gracia para transformarme.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos como el Padre me ha amado, así os he amado yo. ¿Qué locura, verdad? Como el Padre ha amado al Hijo desde siempre para siempre e infinitamente. Porque es el Amor que se da en la esencia misma de Dios con toda la fuerza del Espíritu Santo.

El Padre ha amado al Hijo y el Hijo ama al Padre. Y Jesús dice como el Padre me ha amado, así os he amado yo. No menos, ser conscientes de esto. Es la gran alegría, el tesoro absolutamente insondable de nuestra fe.

Como Dios ama, así me ama a mí. Así te ama a ti. Así os he amado yo.

Pidámosle entonces al Señor que nos dé un poquito de luz para asomarnos a esta verdad completamente real. No es un pensamiento, no es una idea. No es simplemente una verdad que, por así decir, que al otro lado de nuestra vida, sino que es lo más profundo de nuestra identidad, sabernos y sentirnos amados por Dios según su propio modo de amar que lo hemos visto reflejado claramente en la entrega de Cristo en la cruz. ¿Cómo me ama? Dios me lo demostró.

Derramando su sangre en la cruz

Sábana Santa de Turín

Les animo a visitar la exposición de la Sábana Santa de Turín. Es una exposición muy interesante que se está mostrando en distintos lugares de España. Me parece que ahora está en Salamanca de mistery man, el hombre misterioso. Vean lo que hay allí y ya verás tú cuánto te ayuda a dimensionar el amor de Dios por ti como el Padre me ha amado.

Así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Este es un imperativo. Permaneced, pero a la vez con esta ternura, permaneced en mi amor como diciendo No se vayan de mí y se me viene a la cabeza la imagen del refugio. El refugio en la nieve, por ejemplo, en un día de invierno, en meses de invierno en lo alto de la cordillera de los Andes o un refugio en medio de la selva de Colombia y de Ecuador o donde Uds. quieran.

Pero hay lugares en los cuales un refugio es especialmente valorado. Porque si estamos dentro, estamos seguros. Estamos bien, podemos vivir.

Refugio

El Amor de Cristo es el refugio del corazón humano, de la vida, del ser humano. Allí estamos bien. Pase lo que pase por fuera. Por fuera me refiero la vida, dificultades, penas, problemas económicos, familiares, pruebas difíciles, incluso oscuridad, inquietud. Todo es superable si estamos dentro del Amor de Cristo, en el cual la es vivir en la gracia de Dios.

Alimentar nuestra vida de los sacramentos y de la oración, contemplar a Jesús. Dejar que el Amor de Cristo nos empape hasta llegar a la fascinación por Jesús de Nazaret. ¿Entonces, quién permanece en ese Amor real? Un amor que ilumina informa todos nuestros pensamientos, todas nuestras obras. Esa persona está bien, está en el refugio.

No está en la intemperie. No está pasando por pruebas inútiles. No está arriesgando su libertad y su vida, sino que está viviendo. ¿Cómo vale la pena vivir una vida llena de sentido, llena de trascendencia? Bueno, la invitación de Jesús a no salirnos de su Amor, nos salimos cuando peleamos, cuando lo ofendemos, cuando no cumplimos sus mandamientos y volvemos a entrar en este refugio del Amor de Dios cada vez que nos arrepentimos, cada vez que hacemos un acto de contrición, cada vez que nos acercamos al sacramento del perdón.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi Amor lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor.

Sea amor, obediencia, amor. Y escuchar lo que el Señor te pide hoy.  Quizá a partir de esta pregunta, Señor, ¿qué esperas de mí hoy? ¿Cómo puedo cumplir mejor Tu voluntad hoy en mi vida real?

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