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PERMANECER EN EL AMOR DE JESÚS

EL EXTRANJERO AGRADECIDO

Hemos comenzado pidiéndole al Señor que nos ayude a hacer este rato de oración, porque sin su ayuda, no podemos invocar ni siquiera al Padre con estas palabras:  Padre, con el corazón, porque vamos a estar dispersos, vamos a estar con el corazón apagado, con el corazón seco.

Pueden salir palabras de nuestros labios, pero no de nuestro corazón y por eso necesitamos una especial ayuda y por eso le decimos: “Señor, en este rato de oración, en estos 10 minutos con Jesús que tanto bien nos hacen, ayudanos a hacer oración, ayudanos a establecer relación con Vos.

Despertame el corazón, dame un corazón con qué amarte; dame un corazón nuevo; Señor ayudame porque solo no puedo; no puedo rezar sin Tu ayuda”.

INVOCAR A DIOS

Dice la Escritura que no podemos invocar el nombre de Dios sin Su ayuda; por eso, le pedimos especialmente: queremos hacer oración, por eso estamos acá, por eso estamos escuchando estos 10 minutos con Jesús.

Pero para poder hacer oración, necesitamos una especial asistencia de Dios.  Por eso se lo pedimos ahora en este rato de oración.  Le pedimos esa especial asistencia para que nos ayude a establecer ese diálogo.

EVANGELIO

En el Evangelio del día, dice san Juan:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así los he amado Yo; permanezcan en Mi amor.  Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor.

            Lo mismo que yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor. 

Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes y mi alegría y la de ustedes sea completa. Este es mi mandamiento: Que se amen los unos a los otros como Yo los he amado.  

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.  Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Yo no los llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su señor. A ustedes los llamo amigos porque todo lo que doy a mi Padre se los he dado a conocer. 

            No son ustedes los que me han elegido, soy Yo el que los ha elegido y el que los he destinado para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero.  De modo que todo lo que pidáis al Padre en Mi nombre, Yo se lo daré. Esto se los mando, que se amen los unos a otros…»”.

(Jn 15, 9-17)

VID Y EL SARMIENTO

Es muy bonito lo que nos dice el Señor en este Evangelio, porque dice muchas cosas con mucha profundidad.  Por lo pronto, nos recuerda un secreto que es que tenemos que permanecer en Él.

Jesús nos recuerda esto que hemos visto, hace no mucho, con esa imagen que pone de la vid y el sarmiento.  O sea, para que podamos dar frutos, para que podamos ser amigos de Dios, ser parecidos a Dios, tener los sentimientos de Dios que tanto anhelamos tener.

Se lo decimos: “Señor, me encantaría sentir lo que Vos sentís, ver como Vos ves las cosas, ser como Vos sos, tener tus mismos ideales, tus mismos sentimientos, tus mismas maneras de ver.

HIJOS DIGNOS DE DIOS

Tener esas virtudes que Vos tenías, tener esa excelencia que Vos tenías”; esa “areté” que los griegos aspiraban como la excelencia que una persona debía tener para ser digna de Dios.

“Nosotros queremos ser dignos hijos Tuyos, queremos tener esa excelencia y, para eso, necesitamos permanecer en Vos.  Nosotros queremos Señor, pero también necesitamos Tu ayuda.  Encomendamos Tu ayuda para hacer este rato de oración, necesitamos Tu ayuda para tener esas virtudes, para poder permanecer en Vos, para cumplir los mandamientos.

Judas no permaneció en Tu amor porque traicionó, porque hizo lo que no tenía que hacer que es: robar, mentir, falsear la verdad… todas esas cosas que lo van a llevar a la perdición; lo van a llevar a morir a sí mismo, a destruirse, a suicidarse y a matarte; a querer matarte.

VIVIR EN LOS MANDAMIENTOS

Por eso Señor, te pedimos que nos ayudes a que, cuando nos desviamos del camino -que son Tus mandamientos- nos ayudes con Tu gracia a darnos cuenta, a volver, a enseguida rectificar, a decir: no, no puedo mentir, no puedo engañar, no puedo pensar mal, no puedo odiar, no puedo tener este rencor en el corazón, no puedo robar, obviamente.

No puedo engañar, no puedo hacerle daño a los demás con mis palabras, con mis gestos, con mi desorden, con mi desidia, con mi negligencia, con mi insensibilidad.

Señor, ayudame a que viva en Tus mandamientos; Tus mandamientos se reducen a ese amarse los unos a los otros, nos lo acabas de decir en el Evangelio”:

“El que permanece en Mi amor, permanece en Mí y Yo permanezco en él y por eso les digo que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.  Porque no hay cosa más grande que dar la vida por los amigos”.

DAR LA VIDA POR LOS DEMÁS

“Queremos dar la vida por los demás, queremos vivir como Vos viviste Señor y, para eso, necesitamos permanecer en Tu amor; para eso necesitamos permanecer en Tus mandamientos.

Es toda la misma lógica.  Por eso Señor Te pedimos una especial gracia para hacer lo que Vos haces y para no hacer lo que Vos no harías nunca, que es mentir, engañar, dañar, robar, tener agresividad en la sensualidad…

Todo eso que Vos nos has mostrado con Tu vida:

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”;

(Jn 14, 6)

todo eso Señor, queremos reproducirlo en nuestra vida, pero para eso necesitamos Tu ayuda, porque sin Tu ayuda Señor, no podemos absolutamente nada”.

¿QUEREMOS?

Por eso nos podemos preguntar todos los que estamos haciendo este rato de oración: ¿Queremos vivir la vida de Cristo? ¿Nos interesa vivir la vida de Cristo de verdad, de corazón? ¿Quiero no robar nunca? ¿Quiero no mentir nunca? ¿Quiero no dañar nunca a nadie? ¿Quiero no tener rencores?

¿Quiero perdonar a las personas que me han hecho daño? ¿Quiero realmente todo eso? ¿Quiero vivir sembrando optimismo, esperanza, dándome y dando lo que tengo a los demás para que estén mejor; para que sean felices? ¿Quiero todo eso?

Porque si no lo queremos en el fondo del corazón, nunca se nos va a conceder.  Dios no puede darnos aquello que no queremos.  Por eso, necesitamos responder a esta pregunta: ¿Queremos el bien? ¿Queremos vivir en los mandamientos de Dios?

SAN AGUSTÍN

Porque si nuestra respuesta es: quiero, pero no ahora; quiero, pero más adelante; quiero cuando sea mayor -como san Agustín antes de su conversión definitiva:

“Señor, dame la pureza, pero no ahora; dame la castidad, pero no ahora”,

esperá un “cachito”; dejame que viva un tiempo más en el jolgorio y después me pongo las pilas…

Eso, un cristiano no lo puede tener en el corazón, por eso nos tenemos que hacer esta pregunta: ¿Quiero vivir en los mandamientos de Dios? ¿Realmente quiero vivir pendiente de la lógica de Dios siguiendo Su camino; viviendo en Su amor permaneciendo en Jesús que permanecer en sus mandamientos?

NECESITAMOS QUE JESÚS NOS CURE EL CORAZÓN

Porque no podemos ser testigos de Jesús y mentir; ser testigos de Jesús y hablar mal de los demás, calumniar, no perdonar, dejar que anide en nuestro corazón rencores, tener amor a la sensualidad, estar mirones, etc.

Necesitamos que Jesús nos cure el corazón.  Por eso, “Señor, te hemos pedido ayuda para hacer este rato de oración; ahora te pedimos ayuda para que nos des una mano porque queremos vivir Tus mandamientos.  Pero, sobretodo, queremos quererlos.

Quiero querer vivir Tus mandamientos; para eso también necesito que me ayudés Señor porque, de pronto, en mi corazón hay amor al pecado; hay amor a la sensualidad; hay amor al egoísmo; hay amor a la pereza.

LA CIZAÑA

Hay un montón de amores malos, de amores tóxicos que están ahí, que están en mi corazón como el trigo y la cizaña; hay cizaña en mi corazón.

Señor, en mi corazón hay un montón de cizaña, necesito que Vos la arranqués, porque si vos no la arrancás, en mi corazón no van a anidar Tus mandamientos y, por lo tanto, no voy a permanecer en Tu amor y no voy a ser testigo tuyo.

Vos me dijiste que nos tenemos que amar los unos a los otros como vos nos has amado y tenemos que ir por todo el mundo predicando el Evangelio y dando mucho fruto y que ese fruto sea duradero y así seremos inmensamente felices con una alegría que nadie nos podrá quitar y Vos vas a ser feliz con nosotros.

Pero para eso Señor, te insistimos: no podemos sacar la cizaña de nuestro corazón.  No tenemos esa capacidad, como no tenemos capacidad de auto darnos paz, no tenemos capacidad de sacar la cizaña del corazón.

Te suplicamos esa fuerza, esa gracia a Vos.  Danos Señor un amor muy grande -la virtud-, un amor muy grande con que amarte”.

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