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PAI MEI 

PAI MEI
UNA LEYENDA

¿Sabes quién es Pai Mei? Pai Mei es una leyenda. Era un sacerdote no cristiano ni católico, un sacerdote de esas religiones antiguas en China. Este hombre era muy hábil en las artes marciales, de hecho, él inventó un golpe mortal que consistía en cinco pequeños golpecitos para conseguir que su adversario muriera, porque el corazón le estallaba tan pronto los realizaba.

Resulta que un día Pai Mei iba caminando, contemplando el paisaje, cuando apareció un monje shaolin caminando en sentido contrario, Pai Mei, en una muestra de generosidad, hizo un gesto de saludo, y el monje no sé lo devolvió, pero ¿sería la intención del monje insultar? o acaso, ¿aquel no vio el gesto?

Los motivos no se conocen, pero sí las consecuencias. A la mañana siguiente, Pai Mei fue al templo shaolin y exigió al superior su cuello, para redimir el insulto. Este intentó apaciguarle, pero descubrió que era inconsolable…

ASÍ SE DÁ A CONOCER

Así empezó la masacre del templo, en que los sesenta monjes murieron, en manos de loto blanco´, y así empezó la leyenda de Pad Mei y sus cinco puntos de presión para explotar un corazón.

Es el golpe más mortal de las artes marciales, te golpea sólo con los dedos, en cinco puntos de tu cuerpo y te deja marchar. Tras dar cinco pasos tu corazón explota y caes muerto. Es una leyenda y como todas las leyendas, tendrá algo de verdad y algo de invención.

Y esta leyenda, esta historia, nos lleva o nos facilitará este ratito de oración. Este ratito de platicar con Jesús, porque en el Evangelio de hoy leemos, precisamente como Jesús se les da a conocer.

Tú piensa que el monje shaolin que va caminando por ahí supiera, que el que viene es Pai Mei, pues lo trataría con respeto, con reverencia, se inclinaría casi hasta el suelo, para manifestarle sumisión, pero no sabía que era Pai Mei y ahí estuvo el problema.

CREER EN TI

Jesús nos habla con claridad y nos dice quién es Él, porque en el Evangelio le preguntan:

“—¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente.

Jesús les respondió: —Ya se los he dicho y no me creen; las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna; no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno”

(Jn 10, 22-30).

Es un texto maravilloso el cual dice: “Tú Señor, nos dice que eres El Mesías, Yo soy El Mesías, nos lo dices con claridad”…  “No simplemente se los digo, si no, se los demuestro, se los demuestro con mis acciones. Son las acciones que mi padre me concede realizar, no Simplemente soy El Mesías, sino que soy Dios…

TÚ ERES DIOS

Él es un mesías Divino, “Tú Señor nos hablas con claridad, Tú Señor, nos los demuestras con tus milagros. Ninguna persona se había atrevido a decir lo que Tú dijiste, ¡que Tu eres Dios!”.

A lo mejor algunos se han adjudicado a sí mismos el carácter de “Mesías”, conocemos a varios en la historia. En el siglo pasado, hubo varios líderes políticos que tenían ese algo de mesianismo.

Romano Guardini tiene un libro donde analiza estas figuras mesiánicas políticas. Ha habido en la historia otros tantos y aún en el mismo Evangelio, en los hechos de los Apóstoles, se nos narra en un momento dado, dónde está el Sanedrín deliberando sobre la veracidad de los primeros apóstoles.

Y se lee:

No te preocupes, si este hombre es falso profeta, se olvidará rápidamente como sucedió con estos otros casos”.

Y hablan ahí de unos casos concretos.

Pero Contigo Jesús, no pasó así, ¿Por qué? Porque es verdad que Jesús es el Mesías y es verdad que es el Hijo de Dios, nos lo ha demostrado con sus milagros y sobre todo con el gran milagro que ahora estamos viviendo en el tiempo de Pascua que es su Resurrección.

TÚ NOS HABLAS

Tú Señor, hablas de tu propia Resurrección como el signo más tremendo para que creamos realmente en Ti: que Tú eres Dios, que Tú nos estás hablando.

Esas personas que han pasado a lo largo de la historia y que han dicho que son Mesías, o que han fundado alguna religión, vemos que no se atreven a decir que son Dios, porque no lo son, al menos son sinceros. Pero no se proclaman como Dios, se dicen ser “iluminados” o quieren mostrar una sabiduría, quieren demostrar una opinión.

Un cristiano, dice Jean de France (sin referencia), es alguien que desea verdaderamente encontrar a Jesucristo, que tiene sed de Él, esa es nuestra originalidad frente a cualquier otra creencia.

Piensa en un musulmán, en un marxista, en un budista, en ellos lo que constituye su doctrina y su fe es que estudia la vida de Mahoma, de Marx o de Buda.

Pero ninguno, dirá al entrar en su casa por la noche: ¡Voy a hablar con Mahoma! ¡Voy a hablar con Marx! ¡Voy a hablar con Buda!… Nosotros en cambio tenemos la posibilidad de encontrar a Jesucristo.

CREER EN DIOS, CREER EN JESÚS

Este contacto con Jesucristo es lo que hace a un santo `un hombre que lo busca´.  “¡Que yo Señor, te busqué! ¡Que yo quiera ser santo! Porque eso es a lo más grande a lo que yo puedo aspirar. Y es posible porque Tú me has creado para eso. ¡Así que ayúdame a creer en Ti, tengo que creer más en Ti! ¡Para ser Santo, necesito creer!”

Yo soy de tus ovejas, o ¿no lo soy? “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen” … “Que nosotros conozcamos Tu voz, que creamos en Ti, porque Tú eres realmente El Mesías. Tú eres realmente Dios”.

“Y aunque nos cuesta a veces, porque no te vemos o porque hay pruebas difíciles, que no dudemos nunca de Ti. Y así como los apóstoles tuvieron sus dudas, al fin de cuentas sí creyeron en Ti”.

La semana pasada leímos el pasaje donde Jesús habla de comer su carne y beber su sangre, y los apóstoles no entendieron.

“Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Entonces Jesús les dijo a los doce: —¿Ustedes también se quieren ir?  Y Simón Pedro le contesta: —Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios”

(Jn 6, 66-69).

CREER Y CONFIAR

Seguro habrán pensado: -Aunque no entendemos qué significa eso de comer la carne y beber la sangre, sabemos que Tú no mientes y ya lo entenderemos después. Y así, cuando Jesús instituyó la Eucaristía, cuando les llega el Espíritu Santo y se les abre la inteligencia y finalmente llegan a entender la maravilla de la Eucaristía, este gran milagro de amor de Dios que ha hecho por nosotros.

Pues Señor que yo no dudo de Ti, aunque a veces haya dificultades, aunque haya sufrimiento, repetir: ¡Señor yo confío en Ti!

Pidámosle a la Virgen, a nuestra madre -que le estamos celebrando especialmente ahora en mayo-, Señora ayúdanos a creer más en Jesús, ¡a confiar más en Jesús! A querer y a confiar Su voluntad como siempre lo hiciste Tú.

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