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ORACIÓN DE NIÑOS

Saúl

El otro día veía la historia de un señor Hammond -un genio inventor- que supo comercializar también sus inventos.  Él tenía un motor especial que sirvió para hacer relojes: “relojes Hammond”, que fueron muy famosos en su momento.
Pero lo más genial de este hombre y lo que más ha trascendido es que aplicó ese motor a otro invento que fue un órgano eléctrico y de ahí vienen los órganos Hammond que, en primer lugar, se utilizaban en las iglesias, pero que después también se utilizaron en la música rock and roll, como este gran himno que tenemos aquí (suena música de “Light my fire” de The Doors).
<¿Quién no conoce esta canción y tantas otras que utilizan este sonido tan característico? Y pensaba yo en este hombre cómo supo usar su inteligencia y aportar algo al mundo.
Hizo algo grande y quién no tiene deseos de hacer algo grande con su vida, de dejar huella en este mundo.
Amigo mío, si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

“Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños”

(Prólogo Santo Rosario. San Josemaría).

Si quieres ser grande, hazte pequeño y si quieres ser pequeño, cree, ama, abandónate, reza como los niños.  “Jesús, te pido que me ayudes a hacerme como niño, porque eso te agrada”.
Es que más allá de que los adultos nos compliquemos muchas veces, la vida no es sencilla.  Aunque no queramos, las cosas se complican porque aparecen problemas que nos superan y no queremos o no sabemos pedir ayuda.
¿Con quién voy? ¿Ante esta situación a quién le puedo pedir consejo? Ya pedí un consejo, pero no me satisfizo, no me ayudó.

HACERNOS COMO NIÑOS


Las cosas se complican porque se nos desordenan las ideas, los afectos, las acciones; porque muchas veces nos equivocamos y no rectificamos y, mientras no rectifiquemos, todo se enrarece.
Las cosas no son sencillas, por eso hay que luchar para hacernos como niños, buscar esa sencillez.  Porque, además, lo que más complica y lo que más oscurece todo, es el pecado y todos somos pecadores.
Hay pecados que complican, especialmente complicadores: la mentira.  La mentira cómo nos divide interiormente, cómo nos oscurece y nos enrarece, porque tenemos que empezar a ser coherentes con la mentira… ¡Qué absurdo! Pero así somos los seres humanos.
El deseo de querer quedar bien y empezar a actuar, no con rectitud, sino por esa vanidad.  La búsqueda desordenada del placer, del dinero, del poder, que también alienan al hombre.
¿Quién no siente añoranza de la infancia? ¿Quién no se siente identificado con los profundos pensamientos de Saint-Exupèry, mostrando la sencillez de su infantil personaje de El Principito?
¿Por qué te digo todas estas cosas el día de hoy? Porque hoy, 6 de julio, se celebra a dos santas niñas (una murió niña y la otra murió grande, pero cuando era niña, fue cuando descubrió su vocación: cuando hizo oración, hizo una oración de niña que inspiró toda su vida y la guio).

MARÍA GORETTI

La primera de ellas es la famosísima María Goretti, italiana, que tenía tan solo doce años cuando murió, cuando entregó su vida a Dios, dando el supremo testimonio del martirio.
Ella es muy famosa y no me voy a detener demasiado, solo subrayar que ella fue coherente, entendió muy bien el principio de: “antes morir que pecar” y perdonó a su agresor.
Son dos acciones grandes, magnánimas, que pudo hacer por su confianza en Dios, por su amor a Dios, por entender que lo más importante es Dios.  Eso es lo más importante, un niño lo puede entender con facilidad.
Hace tiempo, me platicaba un amigo sacerdote, cómo en su parroquia prepararon a los niños para la Primera Comunión.  Le dieron la Primera Comunión a los niños y un par de semanas después, llegó uno de ellos muy triste a platicar con el sacerdote.
Tenía una cara que realmente revelaba su estado interior de tribulación y el sacerdote preocupado fue a preguntarle: “¿Qué te pasa pequeño?”
Y él lloró y le dijo: “Es que no hemos venido a misa en estas semanas.  Fue mi Primera Comunión y después ya no volvimos a la misa dominical, porque tuvimos una excursión, tuvimos un compromiso, tuvimos que ir a un rancho…
“Y todo eso que yo aprendí en la catequesis de que Dios está presente realmente en la Eucaristía, de que lo más importante es amar a Dios sobre todas las cosas, que hay que santificar las fiestas… pues no lo vivimos en mi casa” y eso le causaba una gran ruptura interior.
Un niño entiende con facilidad de que Dios es lo más importante y es capaz, con su gracia, de hacer actos magnánimos y heroicos como esta santa o aquella otra que celebramos hoy: la beata Nazaria Ignacia March.

BEATA NAZARIA IGNACIA MARCH

En un santoral nos dice que nació el 10 de enero de 1889 y que tenía una gemela.  Fueron dieciocho hijos en ese matrimonio, solo sobrevivieron diez (ya ves que era una familia generosa).
Como te decía hace un rato, cuando era niña hizo oración, una oración muy especial.  El día que recibió la comunión a los nueve años, ese día escuchó en su corazón que Jesús la invitaba a seguirla.
“Tú Nazaria, sígueme”.  Ella confió en que esa era la voz de Jesús y lo siguió.  Hizo, desde esa edad, un acto de entrega a Él que no lo pudo concretar en ese momento, sino que lo concretó a lo largo de toda su vida.
“Te seguiré Jesús lo más cerca que pueda una humana criatura” y así le consagró su vida.
“Hoy Jesús te quiero pedir que me ayudes a rezar como rezan los niños, una oración que me comprometa; que yo crea que es tu voz realmente la que escucho en la oración.
“Esos movimientos, esos afectos que se dan en mi interior, deseos de santidad, son los que Tú estás suscitando en mí.
“Abandonarme como se abandonan los niños, dejar en tus manos las consecuencias, por más duras que puedan ser, que surjan de las acciones hechas por ser fiel a Ti.
“Amar como aman los niños, con generosidad, dándome sin escatimar, hasta la propia vida si Tú me la pides.  Creer como creen los niños, saber que Tú realmente me hablas al corazón, me hablas cuando hago oración, en estos ratitos de oración”.
Acudimos a nuestra Madre la Virgen que nos ayude a ser niños de verdad.  Ella que es nuestra Madre, que nos ha visto crecer, que nos recuerde también esa sencillez que hemos sabido vivir cuando éramos pequeños.
Que nos ayude a corresponder a lo que Dios nos vaya pidiendo, como correspondieron estas dos santas niñas.

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