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NECESITAMOS MISERICORDIA

perfecto

Vivimos hoy el Domingo de la Misericordia, que es una celebración que tiene lugar el segundo domingo después de Pascua.

Se originó en la década de 1930, cuando santa Faustina Kowalska -una monja polaca- informó que Jesús le había pedido que estableciera una fiesta en honor a su Misericordia Divina.

Pensándolo, me parece que es lo más necesario para nosotros, porque, si algo necesitamos de Dios, es su misericordia.

La misericordia del Señor con nuestras vidas, porque a veces nuestras vidas no van por el sitio donde nos gustaría; porque a veces son imprevistos o a veces son faltas de previsión o cosas que nos terminan haciendo que los planes vayan distintos.

ANÉCDOTA

Una tontería que me pasó, pero que puede ilustrar este punto, es que tenía un matrimonio hace poquitos días y me fui al matrimonio (yo era el cura que lo celebraba) y cuando estaba cerca, de repente me cogió una duda: ¿es en esta iglesia?

Entonces llamé a una persona, (faltaban diez minutos más o menos, siempre se toma en cuenta con que se demoran un poco ahí las cosas, pero llego perfecto) y me dice: no, es en una iglesia que queda en el otro lado de la ciudad…

¡Dios mío, qué mal!

Entonces como estaba todavía dentro del carro, emboqué para el otro sitio, empecé a irme para la dirección de donde estaban ya los invitados esperando, cuando está cerrado el túnel que lleva a ese sitio…

¡No! Había habido un accidente, entonces me tenía que ir por otro lado.  Yo llamaba preocupado si ya la novia había llegado, porque que el cura llegue después de la novia… ya es el colmo.

Pero, efectivamente, llegó la novia y once minutos después… llegó el cura. ¡Qué vergüenza!

Yo pensaba, chuta, perdón a esta gente que estuvo aquí esperando todo el rato.  Perdón a la novia, al novio, a todos los invitados que estaban ahí sofocados, que estaban elegantes… perdón.  Y puedo decir: no era mi culpa.

Bueno, si es una cosa tan importante, tenía que haberme informado antes; tenía que haber correspondido a las fechas, revisado, haciendo todas las averiguaciones, no confiarme solo de mi memoria.

“Es una falta”, pensaba yo.  “Lo que necesito es la misericordia de esta gente”.

PODEMOS CONFIAR SIEMPRE EN LA MISERICORDIA DE DIOS

“Señor, ¿cuántas veces Tú también tienes que tener tanta misericordia con nosotros? Porque hacemos cosas que, en principio, no están mal, pero en realidad -a veces- son faltas de previsión o faltas de cariño, porque si se revisan con más tiempo, con más delicadeza, no ocurren.

Señor perdón por todas las veces en las que no he rezado porque he estado más ocupado en mis cosas o por las veces en las que he cometido pecados por darme a mí la razón, por estar más confortable.

Cuando no he encontrado tu rostro en el rostro del que sufre que está cerca de mí, de los pobres, de los enfermos, de los abatidos.

Señor perdón porque sé que esto es algo que te lastima y lastima a ellos y por eso sé que necesito de tu misericordia.

Necesito de tu misericordia Señor, porque si no, no avanzo; porque si no, una vida de perfectos es muy duro y lo que necesitamos es, justamente, de tu misericordia y saber que está esa misericordia”.

La misericordia del Padre eterno que nos ve con cariño y ve cómo sus hijos se esfuerzan, pero cuando cometen errores no pierde su fe en ellos, sino que, al contrario, nos da nuevos impulsos para seguir adelante.

Y es que esta meditación del Domingo de la Misericordia debe centrarse en la idea de que, a pesar de nuestras fallas, a pesar de nuestros pecados, siempre podemos confiar en la misericordia y el amor incondicional de Dios.

OJOS DE MISERICORDIA

Por eso, cuando la gente habla que no le gusta ir a la Iglesia porque “está llena de hipócritas o llena de gente que se comporta mal”, a mí me dan ganas (y lo he leído en algunos sitios) de decir: 

“bueno, sí, esto es así, pero también nos espera un espacio más para ti que tienes esos pensamientos faltos de misericordia, porque aquí en la Iglesia estamos los que luchamos por mejorar, no estamos los perfectos… ¡para nada!

Tenemos muchas cosas que se nota que no hemos hecho bien y cuando uno se da cuenta de esta dinámica de la misericordia, uno no se echa al olvido, sino que más bien se esfuerza en hacer las cosas mejor, se esfuerza en saber auto exigirse”.

Pero cuando no te da la vida o cuando las cosas no han salido tan bien, tampoco echarte a perder.

Cuánta gente cuando cae dice: “ay, ya muerto por mí, muerto por 1500”.  Odio esa frase, porque abre la puerta al pecado.

Cuando uno, en cambio, comete un pecado en esta dinámica de la misericordia, lo que quiere hacer es: “Perdón Señor, esto es lo mío, no me dejes.  No me dejes porque si Tú me dejas seguiré pecando; en cambio, si Tú me agarras, entonces saldré de esto.  Si Tú me ayudas entonces seré mejor, porque me ves con esos ojos de misericordia”.

Recuerdo hace muchos años, leí un libro de Thomas Mann, que se llamaba: “La montaña mágica”.  El libro es bastante duro, fuerte, es un reflejo de la permanente tensión entre el instinto y la razón de las cosas que, a veces, uno está obligado a hacer y, en cambio, las cosas que uno siente por dentro que tiene que hacer…

LA MONTAÑA MÁGICA

Es un libro bastante interesante, aunque bastante pesado de leer, pero me acuerdo de una imagen que me quedó muy grabada.

Eran los hijos de los príncipes que estaban viendo a su padre, el príncipe y su esposa, que los miraban con reprobación por haber hecho algo malo y decía el autor que esa mirada les causaba más dolor que cualquier otra penitencia posible.

Es que un padre que ha sido tan bueno y que es misericordioso, que te mire con pena o reprobación, entonces cambia la situación completamente.

SER MISERICORDIOSOS CON LOS DEMÁS

“Señor, ahora que estamos haciendo este rato de oración, quisiéramos que nunca nos tengas que ver con esa mirada dura, porque hemos ofendido y no nos hemos dado cuenta de tu constante misericordia.

De llevar las falsas contradicciones, de encontrar entre las que son verdaderamente efectivas de las que son realmente solo imaginaciones nuestras y que a veces les damos un valor tan grande que nos quitan la paz, que nos ahogan.

Y Tú nos ves con misericordia y nos das muchas veces tu luz para que salgamos de esas circunstancias, para que nos demos cuenta de que no es tan grave.

Señor Jesús, ayúdanos a ser misericordiosos también con los demás, a tener esa misma pasión por la misericordia, esa pasión que se nota en Ti cuando ves a la muchedumbre llegar como ovejas sin pastor y te detienes a enseñarles, a darles de comer y atenderles uno a uno porque te pesa el corazón.

Cómo quisiera yo tener esa misma mirada misericordiosa; cómo quisiera tener también esa misericordia con toda la gente que se acerca, porque a veces soy duro o soy fuerte, digo las cosas un poco destempladamente.

Tal vez Tú lo harías distinto Señor, Tú lo harías con más cariño, con más delicadeza y atraerías a la gente más que le empujarías por detrás para que se mueva”.

OJOS QUE VEN CON CARIÑO

Como el Buen Pastor que tiene esa característica, que enamoró -por así decir- a santa Faustina Kowalska, porque qué duro es enfrentarse a unos ojos sin misericordia y qué atractivo, qué delicado y atrayente es encontrar un rostro con los ojos que te ven con cariño, con misericordia.

Cuántas parejas podrían recomenzar su vida, aunque haya habido muchos dolores, infidelidades, cosas que realmente les han hecho reaccionar o volverse unos extraños.

Cuántas parejas volverían a funcionar si es que se miraran con misericordia.  

Cuántos hijos necesitan tener esos ojos de misericordia con sus papás que van alcanzando una edad en la que dejan de oír, en la que se vuelven un poco más niños o en la que se vuelven un poco más necios.

Esos ojos para atender mejor a sus padres que lo necesitan; o padres que tienen hijos con necesidades especiales y que parece que nunca van a salir adelante y necesitan esos ojos de misericordia para seguir caminando junto a ellos.

Tantas ocasiones de aplicar la misericordia.

“Señor, ayúdanos en este rato de oración a sacar ese propósito firme de ser más misericordiosos con los demás.  Primero con los que viven cerca de nosotros y después también con todas las personas que nos encontramos en el camino”.

Madre, tú que eres también la reina de la misericordia, te pedimos que nos ayudes a ser más misericordiosos, que nuestro corazón sea más agradable al Señor, porque se parece al de Él, que es un corazón misericordioso.

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