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MIGAJAS DE CARIDAD

El hombre rico y Lázaro

El otro día iba en un taxi, había un poquito de tráfico y el señor taxista tenía que subir por una calle pero en ese momento justo, empezó a pasar un señor con unas muletas y la verdad pasó muy despacio; los pies los tenia un poquito torcidos, era un señor ya mayor, yo iba en la ventana de atras a la derecha.

Entonces tuve la reacción de bajar un poco la ventana y pensé: nos vamos a cruzar la mirada y quiero darle mi bendición, entonces le di mi bendición.

Yo sentí que él musitó algo y dijo algunas palabras pero yo no le entendí entonces le pregunté al taxista: “¿Escuchaste lo que dijo?” Sí Padre, sabe lo que dijo: ”Y con eso será qué voy a comer”.

PENSAR CON CARIDAD

Bueno mi primera reacción sinceramente, Señor ahora que estoy haciendo la oración hablando contigo, mi primera reacción fue pensar: bueno pues es un poquito mal agradecido.

Pues porque yo soy sacerdote y yo puedo dar la bendición, soy un instrumento en las manos de Dios, puedo dar mi bendición.

Pero después pensé: bueno pues este hombre tiene la razón, porque quizás llevaba todo el día sin probar bocado, quizás llevaba todo el día, toda la jornada buscando quien le diera algo para comer.

Yo no sé desde dónde venía caminando, no sé si ese hombre tenía familia, cuánto tiempo se demoraría en tomar el transporte público y regresaría a su casa, no sé si tenía casa, no sé.

En todo caso el primer pensamiento realmente fue un poco de: Hombre, ¡Qué mal agradecido!

Pero pensé después: le tuve que haber dicho al chofer del taxi: «Váyase, yo ya tomo otro transporte y me voy a bajar a hablar con este hombre» a escuchar a este hombre, a saber qué le pasa y también a darle algo de dinero, pero no lo podía hacer porque tenía que seguir el taxi.

DEDICARSE A LOS DEMÁS

Quizá no sé, Señor si me hubiera tenido que haber bajado del taxi.

En todo caso pensé que pena, habrán personas detenidas ese día a preguntarle: ¿Cómo está señor? a mirarlo a los ojos, a sonreírle, a darle quizás algunas palabras de aliento, darle algo de dinero por qué no, también a darle algo de comida.

EL HOMBRE RICO Y EL POBRE LÁZARO

Por qué me acordé de esta historia que me pasó hace unos poquitos días, por qué hoy el Evangelio nos presenta la historia que cuentas tú, Jesús, del pobre Lázaro.
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Cada día se ve que tenía unos invitados especiales a quienes atendía y agasajaba pero con todas las de la ley. Primer plato, segundo plato, cubiertos por todas partes «.

(Lc 16, 19)

bueno sigue la historia

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«Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado tirado en la puerta de su portal, cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico, de las sobras que salían».

(Lc 16, 20-21)

En todo caso procuraba saciarse de lo que caía de la mesa del rico y hasta los perros venían y lamían las llagas del pobre.

«Sucedió que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue enterrado».

(Lc 16, 22)

UNO AL CIELO OTRO AL INFIERNO

Y tú sabes cómo sigue la historia.

Porque estando en el infierno, en medio de los tormentos, él levanta los ojos y ve a lo lejos a Abraham ya Lázaro,

Y entonces le dice:

“Padre Abraham, por favor ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, por que me torturan estas llamas”.

(Lc 16, 24)

Lázaro que había esperado en la puerta de su casa que cayeran migajas ahora implora una gota de agua, que refresque un poquito los tormentos.

Es una historia impresionante, son unas imágenes aterradoras, muy elocuentes.

PECADOS DE OMISION

Y este hombre rico fue condenado, no porque hizo cosas malas, quizás era una persona honrada que había obtenido su riqueza con mucho trabajo, con mucho esfuerzo.

Quizá atendía a estos amigos, también para definir el rumbo de su pueblo, de su país y de pronto hasta para pensar en obras caritativas, pero pues a este hombre de la historia se le condena por sus omisiones, por su indiferencia ante el pobre Lázaro , no se dio cuenta.

Nunca bajó a preguntarle a este hombre ¿Cómo se llamaba?, ¿Por qué estaba mendigando?, ¿Quién era su familia? ¿Por qué había sufrido esos accidentes que le habían causado tantas heridas en sus manos y en sus pies?.

CARIDAD PARA DETECTAR NECESIDADES AJENAS

>Señor, la caridad debe llevarnos a detectar las necesidades ajenas y aliviarlas, en la medida de nuestras posibilidades y no solamente con los mendigos, sino con las personas que tenemos a nuestro lado.

Quiero pensar por ejemplo, quizás en alguna secretaria a la que su patrón siempre la trata super mal.

Siempre le está reclamando cosas, siempre la está apurando, siempre le está diciendo las equivocaciones, siempre le está diciendo es que usted no hace las cosas cuando yo le diga, la indiferencia, usted le ha preguntado: ¿Cómo está? ¿Cómo está su familia y cómo son sus hijos?

Y le ha agradecido las veces que ella se ha tenido que quedar después de la hora prevista en su trabajo para terminar asuntos.

PONER ATENCIÓN EN LOS DEMÁS

Señor tantas situaciones en las que nos faltan esas migajas de caridad.

Lázaro estaba allí mendigando, no solicitaba, no gritaba, no tocaba la puerta, simplemente estaba ahí a la espera de que cayeran algunas migajas de caridad. Y el rico, que no sabemos ni cuanto era su nombre, la tradición dice que se llamaba Epulón, pedía una gota de agua.

OFRECER GENEROSAMENTE MIGAJAS DE CARIDAD

Todos los días, nosotros en el trato y en los pequeños servicios a quienes nos rodean podemos ofrecer generosamente migajas de nuestra caridad, gotas de agua de nuestra caridad, creo que si se iba a titular esta meditación: “Migajas de caridad”.

QUE NO SEAMOS INDIFERENTES

Muy bien, Señor pues ayúdanos a no ser indiferentes, a darnos cuenta lo que necesitan los demás y cuando tengamos la opción que nos detengamos a preguntar cómo están las personas de nuestro alrededor.

Hay una canción de Piero, que es un artista ya de la vieja guardia, en plena pandemia compone una canción que se llama: “Esperanza” y entonces en alguna parte de la canción dice:

 “Extrañaremos al viejo que pedía en el mercado, que nunca supimos su nombre y siempre estuvo a tu lado, quizás ese viejo pobre era tu Dios disfrazado, nunca preguntaste el nombre porque estabas apurado”

Son dos estrofas de la canción Esperanza, si quieres buscarla en internet, es muy chévere, es muy bonita, tiene una letra muy sugerente la verdad.

Bueno Jesús, terminamos este rato de oración, acudimos a nuestra Madre Santa María, a quien pedimos que nos de esa necesidad de tener gestos de calidad con todas las personas que están a nuestro alrededor.

Que nos detengamos a sonreír, a preguntarles cómo están, a darles esas migajas de caridad que están esperando de nosotros.

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