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MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

Maria madre de la iglesia
IDENTIFICARNOS CON JESÚS

En estos benditos 10 minutos con Jesús en el que todos los días procuramos mejorar, fortalecer esa relación personal con Jesús haciéndonos cada vez más amigos suyos, más parecidos a Él; identificándonos con Él, esculpiendo nuestro corazón, un corazón semejante al suyo, como si tuviéramos una máquina de impresión 3D, 3 dimensiones y tratamos de copiar esa pieza original.

Nosotros estamos tratando de copiar, de modelar nuestro corazón de manera que sea idéntico al Corazón de Jesús, qué podemos decir un día con San Pablo: “Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí”.

Porque mi corazón se asemeja al corazón de Cristo, esto es tarea del Espíritu Santo.

EL ESPÍRITU SANTO TRABAJA EN NUESTRO CORAZÓN

En la fiesta de Pentecostés que acabamos de celebrar hemos visto cómo el Espíritu Santo está llamado a ser el nuevo Paráclito, el hacedor, el que transforma nuestros corazones de barro en corazones de Dios, en corazones divinos.

Y para eso tenemos que confiarle y pedirle ayuda.

El Espíritu Santo es el que trabaja, Jesús nos lo deja bien claro cuando dice que él tiene que irse para que el Espíritu Santo pueda venir:

“es necesario que yo me marche para que pueda venir al Espíritu Santo”.

(Jn 16, 7)

Porque él es el que trabaja en el corazón de los hombres, el Espíritu Santo es el que transforma nuestros sentimientos, los va modelando, les va dando esa capacidad de sentir como Él sentía, de ver como Él veía las cosas, de entender cómo Él entendía, es un corazón sabio el Corazón de Jesús y así se va haciendo nuestro corazón, sabio como el Corazón de Jesús.

LO MODELA 

Por eso le pedimos ahora al Espíritu Santo que modele nuestro corazón hasta hacerlo igual al Corazón de Jesús.

Le decimos hoy:

«Espíritu Santo vení, hace en nosotros una nueva Pentecostés dame esos sentimientos que debería tener como lo de Jesús”.

Cada uno de nosotros va pasando por pruebas a lo largo de la vida, personalmente la semana pasada una persona me hizo una cosa que me dolió, me pareció una injusticia y la verdad que me llenó de enojo el corazón se me enturbió por el enojo y la bronca.

Y le pedí a un amigo: “che mira siento esto” y me dijo “mira me parece que lo que tenés que hacer es darle una cachetada, pero de caridad no de Justicia humana”.

NUEVA PENTECOSTÉS

Y efectivamente, me sirvió mucho el consejo, porque fui al oratorio a pedirle al Espíritu Santo esa nueva Pentecostés en mi corazón, se lo dije así con estas palabras:

«Espíritu Santo necesito que hagas en mi corazón una nueva Pentecostés vengo acá con mi nulidad, con mi nada, con mi incapacidad, porque no me siento capaz de transformar los sentimientos de mi corazón, tengo bronca, estoy enojado, me dolió y no lo puedo cambiar, no puedo cambiar mis sentimientos, necesito que vos los cambies”.

Me quedé ahí un ratito rezando y al cabo de un rato fui sintiendo como el sentimiento cambiaba y se transformaba por un sentimiento de paz y de perdón y de pasar por alto esa página y no tener en cuenta el mal que me había hecho, subjetiva u objetivamente.

PAZ EN EL CORAZÓN

Y me hizo un bien enorme, la paz con que salí del oratorio fue inmensa y es que el Espíritu Santo había trabajado en mi alma, había modelado ese barro arcilloso y había dado luz al corazón con sentimientos semejantes a los del Corazón de Jesús, que siempre perdonó.

Jesús nos muestra el camino cuando en la Cruz lo ataron con clavos al madero o en la pasión le escupen, le vendan los ojos y le dan cachetazos, lo flagelan, lo golpean, lo burlan y Jesús en ningún momento se revela, en ningún momento devuelve mal por mal.

PERDÓN Y COMPASIÓN

Jesús perdona siempre, está allí perdonando,  Él es nuestro camino, pero Él no es el que trabaja en nuestro corazón, el que trabaja en nuestro corazón es el Espíritu Santo, por eso Jesús es el camino, nos muestra.

Nos sentimos brutalmente atraídos por Jesús, porque él se encarnó y al encarnarse nos muestra cómo tenemos que hacer, cómo tenemos que reaccionar ante los que son injustos con nosotros, ante los que nos provocan el mal, ante los que nos insultan, cómo tienen que ser nuestros sentimientos ante el dolor ajeno.

Porque el Señor se compadeció de la ignorancia de los que andaban perdidos como ovejas que no tienen pastor, se compadecía ante los que pasaban hambre, se compadecía ante los enfermos de cualquier índole y los curaba.

JESÚS NOS DEJA AL ESPÍRITU SANTO

Y se levantaba temprano para rezar.  Jesús nos da ejemplo y nos identificamos enormemente con Él porque se ha hecho uno de nosotros, pero el que trabaja en nuestro corazón es el Espíritu Santo, por eso Jesús dice:

“Es necesario que yo me vaya porque tiene que venir el consolador, el Espíritu Santo”

(Jn 16,7),

que es el que va a trabajar en ustedes.

Por eso le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a hacer este rato de oración, que transforme nuestro corazón, que nos dé esa capacidad de hablar con Jesús, que nos dé esa capacidad de hablar con Él, que inspire, que nos de sabiduría.

Hace un ratito le pedí a Jesús una especial ayuda, porque necesitaba hacer esta grabación y estaba teniendo una especial disfonía y pensé que se lo tenía que dejar a otro.

Pero me vino como la luz decir: mira Juan Pablo II cuando tuvo sus achaques tremendos, no se corrió, supo enfrentar su propia fragilidad, porque Dios a veces requiere nuestra fragilidad para que quede más claro que es Él el que está escribiendo con un renglón torcido.

En este caso mi voz está torcida, un poquito afónica y el Señor es el que habla, no es mi voz, no es la voz de los que predicamos es siempre Jesucristo, es siempre el Espíritu Santo.

Jesús inspirándonos con su ejemplo el Espíritu Santo trabajando en nuestro corazón.

También el Padre trabaja en nuestro corazón, aunque mayormente el Espíritu Santo, por eso en esta fiesta que hoy celebramos, que es Santa María Madre de la Iglesia, una fiesta tan bonita por que nos recuerda que Santa María al pie de la Cruz se transforma en la nueva Eva.

MARÍA EN EL PLAN DE DIOS

En la primera lectura del Génesis vemos como Adam le llama Eva a la mujer que había sido puesta junto a él, Eva significa Madre, significa la dadora de vida, la autora de la vida y esto se cumple en María de una manera inminente, porque Jesús le pide lo que leemos en el Evangelio de San Juan: “Mujer ahí tienes a tu hijo y espera de Nuestra Madre la respuesta y María dice: sí muy bien, que así se haga”

Otro sí de María, un sí más difícil, que el de la  Anunciación cuando Santa María recibe la vocación, porque este sí implicaba hacerse cargo y ser madre de los que estaban matando al Hijo y sin embargo, Santa María como siempre, no duda, confía en Dios sabe que si el Señor le está pidiendo eso es porque nuestro bien lo requiere, nuestro bien lo reclama y el plan de Dios es que tuviésemos Madre y que ella fuese Nuestra Madre.

Porque somos hermanos en Jesucristo y la Virgen en ese momento nos adopta como hijos y se hace cargo de todos nuestros problemas, como en las bodas de Caná se hizo cargo hasta de esas cosas tan sencillas y tan materiales de la vida.

MADRE NUESTRA Y MADRE DE LA IGLESIA

Nosotros contamos con esa Madre, es Nuestra Madre, la Madre de la Iglesia por eso en la fiesta de hoy, pienso que tenemos que pedirle al Espíritu Santo, que grabe en nuestro corazón que Santa María es Nuestra Madre, que se ha hecho cargo de nosotros y que le tenemos que pedir auxilio para todas nuestras necesidades

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