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LA SAGRADA FAMILIA QUE DIOS CUIDA Y PROTEGE

SAGRADA FAMILIA QUE DIOS CUIDA Y PROTEGE

LOS CUIDA Y PROTEGE

«Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: —Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. 

José se levantó, tomó al niño y a su madre. De noche se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. 

Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: —Llamé a mi Hijo para que saliera de Egipto. 

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto, y le dijo: —Levántate, toma al niño y a su madre, y vuélvete a Israel. Ya han muerto los que atentaron contra la vida del niño. 

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a Israel. 

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. 

Así se cumplió lo que dijeron los profetas que se llamaría Nazareno»

(Jn 1, 1-18).

Hoy es una gran fiesta, la fiesta de la Sagrada Familia. La Sagrada Familia es el modelo de todas las familias, es un modelo de siempre.

Siempre que nos fijamos en Jesús, María y José, tenemos unas luces muy grandes para saber lo que es un hogar, lo que es una familia y cómo hay que vivir unidos, llenos de felicidad, preocupándose los unos por los otros. Eso que es una familia, una familia que se quiere, una familia cristiana.

UN AMBIENTE DE PAZ

El nacimiento del Niño Dios en Belén produjo una alegría inmensa en todos los que fueron a visitarlo: los pastores, los Reyes Magos y todas las personas que esperaban al Mesías prometido, se quedaron asombradas y muy entusiasmadas cuando se dieron cuenta que el Niño que había nacido en Belén era el Hijo de Dios. De allí ese gran ambiente en Belén.

La Virgen y San José no lo tuvieron fácil, porque los enemigos de Dios querían matar al niño y los enemigos eran los que estaban en el poder, el rey Herodes y sus soldados.

En Belén había ese ambiente de paz, ese ambiente de alegría, ese ambiente positivo donde todo el mundo era feliz. Pero fuera había ese ambiente en contra, ese ambiente violento que venía de Herodes, de los enemigos del Niño Dios.

A lo largo de la historia, han sido muchos los intentos de destruir la Iglesia, pero nunca han podido, nunca podrán, porque la Iglesia es de Dios y está asistida por el Espíritu Santo.

Igual, pues no pudieron los soldados de Herodes. Herodes era tremendo. Quiso matar al Niño Dios y mandó matar a todos los niños. Sin embargo, no pudo matar al Niño Jesús.

DEJARSE GUIAR POR DIOS

En el Evangelio de hoy, vemos cómo el Cielo protege a la Sagrada Familia. El ángel le hace ver a José que tiene que huir. Que agarre a la Virgen y al Niño y se vaya a Egipto.

San Josemaría nos decía en un punto de Camino:

“No tenga la cobardía de ser valiente. Huye del enemigo. Siempre hay que huir. El enemigo es el diablo y tiene sus recursos para enredarnos y hacernos caer”.

No debemos dialogar nunca con el enemigo, con la tentación ni dialogar con el diablo. Con el diablo no se puede tratar. Hay que huir siempre.

El diablo pone trampas, quiere cogernos. No tenemos que tratar con él. No hay excusas, ni hay ninguna justificación para hablar, tratar o dialogar con el diablo. Siempre nos han dado un consejo desde la infancia.

Los consejos siempre han llegado a nuestros oídos: «Con el diablo no se habla. El diablo no va a cambiar nunca».

Por lo tanto, hay que rechazarlo. Es el mal, y ese hay que rechazarlo. De las tentaciones, hay que huir.

Cuando se trata del mal no caben posturas democráticas o diplomáticas. Nada bueno se consigue con el mal. Es erróneo, cuando alguien nos dice que puede leer todos los libros o ver todas las películas porque no le hacen daño. Hay libros que son malos y hacen daño igual. Hay películas que son malas y hacen daño.

Y si alguien dice que no le hace daño, es como si dijera que podría tomar veneno y no le hace daño. El veneno le hace daño a todo el mundo.

NO DEJAR ESPACIO PARA EL MAL

También san Josemaría nos recordaba un viejo refrán que decía: “Lo que mancha un chiquillo, mancha también un viejo”. Lo malo hace daño y hay que rechazarlo. Lo malo no tiene cabida. No se le puede dar audiencia al mal.

No se puede ver lo que es malo, no se debe ver lo que es malo, ni escucharlo, ni preguntar cuando se trata del mal, pues el mal contagia. Hay que huir del mal…

Como el ángel aconseja a san José que vayan a Egipto, que huyan. El ángel no le da demasiadas explicaciones, tampoco a José. Solo le dice que huya a Egipto con la Virgen María porque hay un peligro. Ya está. Y José obedece. Se fía. El que obedece se fía.

Fiarse de lo que dice Dios, de las personas buenas, de las que nos hablan de Dios… De las personas que nos quieren, que nos aconsejan y del consejo de los padres que quieren a sus hijos y que quieren lo mejor para ellos…

De ese sacerdote bueno que reza y es piadoso y que habla en nombre de Dios. Fiarse del Papa, que es el vivo de Cristo en la tierra. Saber oír consejos. Todos tenemos que oír consejos en nuestra vida y necesitamos ser aconsejados.

EL ÁNGEL QUE NOS CUIDA

Todos tenemos un ángel custodio. El Señor nos ha puesto un ángel custodio que nos aconseja. Y el ángel es el que le dice a san José cuándo puede regresar porque ya no hay peligro.

Le dice: —Ya se acabó el peligro, ya murieron los enemigos, ahora ya puedes regresar. 

Y así, igual a nosotros los ángeles nos protegen en el camino … Tenemos esa oración tan bonita que muchas veces repetimos:

“Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo, que me perdería”.

En este tiempo de Navidad, los ángeles rodean a Jesús, lo protegen. Que nosotros también, igual que los ángeles, protejamos a Dios primero en nuestra alma.

Que Dios pueda estar a gusto en nuestra interioridad. Entonces tenemos que luchar contra el pecado, que es lo que impide que Dios esté. Y recibir la gracia de Dios< para que haya más sitio en nuestra interioridad y Dios esté feliz y contento en nosotros.

PAZ EN LA TIERRA…

Protejamos a Dios en nuestra casa, en nuestro hogar. Que pueda estar Dios, que pueda estar el Señor, que pueda estar la Virgen, que puedan estar los ángeles.

Igual en la sociedad en la que vivimos, en esta sociedad que ha expulsado a Dios, hay que incluir a Dios en la sociedad y somos nosotros quienes tenemos que hablar de Dios y llevar a Dios por todas partes.

Que en este tiempo de Navidad podamos decir:

“Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”

Hay, pues, tantas guerras, esta guerra terrible de Ucrania y Rusia. El Papa cuánto está pidiendo… Estamos unidos al Papa pidiendo por la paz, por la paz del mundo. “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”…

Y los hombres de buena voluntad son todas las personas que quieren hacer la voluntad de Dios, que quieren incluir a Dios en sus corazones, en su casa y en la sociedad.

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