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LA BELLEZA FEMENINA

¡SONRÍE! SIEMPRE ALEGRE
MUJERES HERMOSAS

Tú dime acaso si no es la prueba más amable de la existencia de Dios que haya una mujer hermosa.

Y hoy pensamos en la belleza femenina porque nos encontramos con dos mujeres muy hermosas. La primera es Salomé, hija de Herodías. Y la segunda es Santa Águeda. Ambas mujeres bellísimas que matan con su belleza – literalmente.

SALOMÉ

Acuérdate, como Salomé, hija de Herodías, bailó frente al emperador y le gustó tanto al monarca que le prometió, en un arrebato de entusiasmo, lo que quisiera, incluso la mitad de su reino. Y la joven, aconsejada por su madre, le pidió en una charola la cabeza de Juan el Bautista. El rey mandó decapitar al precursor y le entregó la cabeza en una bandeja a la joven, que la entregó a su vez a su madre.

Fue tanta la belleza, tanto el impacto, tanto el entusiasmo que causó en el rey el baile, la belleza de esta mujer, que perdió la cabeza e hizo que San Juan también la perdiera.

SANTA ÁGUEDA

Santa Águeda, joven siciliana que dio la vida por Cristo en Catania durante la persecución del emperador Decio en el año 251.

Era una mujer muy hermosa, tanto que tenía muchos pretendientes. Uno de ellos muy poderoso, que al enterarse que era cristiana y que no se iba a casar con él, la llevó a la justicia -porque era prohibido en ese momento de la historia ser cristiano.

Pero ella no se echó para atrás, no renegó a su fe porque se había entregado a Cristo con su alma, con su cuerpo, totalmente. “Yo soy para Él y no me voy a entregar a ningún hombre. Soy para Cristo y me quiero consagrar a Él, quiero consagrarle mi virginidad”.

Y a este hombre no le gustó eso porque quería que ella se casara con él, pero ella libremente dijo no. Así que la denunció y después de sufrir humillaciones, torturas, ella sin echarse para atrás murió y es Santa Águeda.

LA FUERZA DE LA BELLEZA FEMENINA

La belleza femenina. Es una gran fuerza. “Es algo bueno y te alabamos por ella, Señor. Te alabamos porque has hecho todas las cosas hermosas”.

Y nos damos cuenta también que esa belleza tan poderosa puede provocar una fuerza fuera de control que puede causar la muerte, como hemos visto rápidamente en estos dos casos.

Dice Juan Pablo II en una homilía que se ha editado recientemente, una homilía del año 84: “Los esfuerzos del espíritu humano ligados a la aspiración a la belleza de la persona y a la belleza de la comunión afrontan un umbral. En este umbral, el hombre tropieza. En vez de descubrir la belleza, la pierde e inventa de ella solamente una degustación”.

En esta homilía dice cosas hermosísimas que no alcanzo yo a entender. La he leído varias veces. Te traigo aquí algunas citas que nos dan algunas pistas para entender el gran misterio que hay detrás de la belleza.

LA BELLEZA NO SE PUEDE ARREBATAR

Es paradójico lo que nos acaba de decir: el hombre descubre esta belleza y la quiere para sí, la quiere arrebatar, a veces violentamente; y al hacer eso la pierde. “En vez de descubrir la belleza, la pierde e inventa de ella solamente una degustación”.

Es como aquel que mirando un avión supersónico lo quiere arrebatar, lo quiere poseer y al agarrarlo se le convierte en un avioncito de papel. O aquel otro que tiene una sed que lo tortura y toma agua de mar, de tal forma que además de no quitarse la sed, pues le produce otro tipo de malas consecuencias. Disculpa los ejemplos, no se me ocurre algo mejor.

“Señor, tú nos quieres revelar algo grande detrás de la belleza, detrás de la belleza de la mujer, detrás de la belleza de la comunión que hay entre el hombre y la mujer”.

Esa belleza no es algo último, pero remite a algo último, algo fundamental. Por eso es sagrada, tiene que ser respetada, cubierta muchas veces, no enseñada, no mostrada impúdicamente.

Decía un especialista en el tema: “El problema de la pornografía no es que muestre demasiado, sino que muestra demasiado poco”. Efectivamente, es esa verdad que cuando uno quiere arrebatar esa belleza, pues se queda con una simple degustación.

EL MISTERIO DEL AMOR

Como decíamos, hay un misterio grande detrás. ¿Qué misterio hay detrás de la belleza? Pues el misterio del amor. El misterio de Dios mismo.

Dice san Juan Pablo II en esa homilía: “Creando al hombre como varón y mujer, Dios transmite a la humanidad el misterio de comunión que [es} el contenido de su vida interior. El hombre es introducido en el misterio de Dios a través del hecho de que su libertad se somete al derecho del amor y el amor crea la comunión interhumana”.

Esa es la vocación de la belleza femenina: mostrar el gran misterio del amor, el misterio de la comunión interpersonal, que es más grande que ese mismo amor complementario entre el hombre y la mujer.

O sea, el amor entre un hombre y la mujer, la belleza femenina, la belleza masculina que se complementan, nos revelan el misterio de la comunión. Pero el misterio de la comunión es más grande, excede esa complementariedad hombre y mujer, porque es el misterio de Dios mismo.

LA BELLEZA INTERIOR

Y recordamos cuando Jesús explica a los saduceos que no creían en la resurrección, y le presentaron el caso de una viuda que se casó con siete hermanos.

¡Jesús dice al final:

“Los hijos de este mundo se casan y ellas son dadas en matrimonio. Sin embargo, los que hayan sido dignos de alcanzar el otro mundo y la resurrección de los muertos no se casarán, ni ellas serán dadas en matrimonio. Porque ya no pueden morir otra vez, pues al ser hijos de la resurrección, son iguales a los ángeles de Dios”

(Lc 20, 34-36).

¡Qué gran verdad que hay detrás! “Y te alabamos, Señor. Nos ilusionamos, nos entusiasmamos con esa belleza increada que eres Tú y que podemos vislumbrar a través de la belleza creada. Qué gran verdad y realidad detrás de esto”.

Pero hay algo más que nos revela esa belleza exterior de la mujer: corresponde una riqueza interior propia. Y dice un poco más adelante Juan Pablo II: “Enorme es la fuerza espiritual de la mujer. Una vez liberada, demuestra una intrepidez muchísimo mayor, una prontitud para sacrificios en los que a veces un varón se resiste a pensar”.

Justamente con este conocimiento, la Iglesia repite las palabras del Cantar de los Cantares:

“¡Qué hermosa eres, amiga mía!”

(Cant 4, 1).

LA BELLEZA QUE NOS LLEVA A DIOS

Pues la belleza exterior es signo de una belleza, de una perfección interior muchísimo más grande. Por eso las mujeres son tan poderosas y pueden ser como Santa Águeda, con una fuerza capaz de morir por amor.

Pero si esa grandeza interior se corrompe, pueden llegar a ser como Salomé: una mujer tóxica, manipuladora, que es capaz de matar por egoísmo, como Herodías, su madre. ¡Tremendo!

“Por eso hoy te pedimos, Señor, por todas las mujeres que revelen su belleza, su belleza interior; que nos lleven hacia Dios; que sean capaces como Tú, Madre mía, (como la Virgen) de comunicar el misterio de Dios a través de su vida, a través de sus virtudes.

“Y también te pedimos, Padre nuestro, que nosotros sepamos respetar esa belleza y que tengamos ojos puros para también a través de esa belleza, llegar a Dios”.

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