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GUARDIANES DE LA PAZ

guardianes de la paz

Hace poco hablaba con mis mejores amigos, desafortunadamente están muy lejos, diseminados por el mundo: Canadá, España, Polonia, Medellín… Medellín que fue la ciudad que nos vio nacer a todos estos amigos de los que hablo.
Y uno de ellos comentaba que él había escuchado a su mamá desde que estaba muy pequeñito, que había que rezar por la paz, porque desafortunadamente nos tocó vivir una infancia cargada de violencia en Medellín, Colombia.

CONVERSACIÓN CON MIS AMIGOS

Y hablando de esto ahora (ya todos unos viejos, estamos llegando casi a los 40 años). Él decía: yo desde chiquito le escuché eso a mi mamá, y yo he rezado mucho por la paz, pero… ¿Dónde está el fruto? ¿Sí valió la pena haber rezado tanto por la paz? ¿No sirvió rezar por la paz?
“Bueno, Jesús, está pequeña historia, anécdota, esta conversación que tuve con mis amigos, nos sirve para hacer este rato de oración.”
Varias de las cosas que voy a decir en este rato de oración, realmente las conversé con mis amigos. Y después la llevé a la oración, porque a la oración se lleva lo que hay en la vida, lo que nos ocurre en la vida, las diferentes circunstancias de la vida, eso es de lo que el Señor quiere que hablemos con Él.
Eso es lo que no sirve para alimentar nuestros ratos de oración, y “Jesús, hoy vamos a preguntarnos: ¿Qué es la paz?”

¿QUÉ ES LA PAZ?

He decidido hacer este rato de oración sobre “la paz”. Tenía una gran ilusión también de hablar de “la vocación”, qué es el evangelio de la misa de hoy; Señor, vamos a dejarlo para una nueva oportunidad.
Incluso pensaba también hacer alusión al salmo responsorial, que me recordó el canto de Maía, en la Misa con el Papa, aquí en el parque Simón Bolívar, en Bogotá ¡Hubo un canto del salmo impresionante!
Lo puedes buscar en internet, pon: Maía le canta al Papa. Se te ponen los pelos de gallina.
Bueno, ¿Qué es la paz? Y uno podría decir rápidamente: Es la ausencia de guerra. Es una de las posibles respuestas o acepciones de la paz. Pero ¡aquí siempre estamos en guerra!

UNA GUERRA DE PAZ

Podríamos decir: guerra interior, una guerra de Justicia, una guerra de paz ¡Una guerra de paz! Podríamos tener esto en la cabeza y guardarlo en el corazón, “estamos en una guerra de paz”.
Y sabemos, porque Nuestro Señor nos lo dijo. “Tú, Jesús nos lo dijiste, que para que se establezca el Reinado Tuyo, tendrá que haber mucha tribulación.”
Jesucristo advirtió que antes de su segunda venida, habría un período de gran tribulación en la tierra. ¿Será que estamos en ese período de gran tribulación?
Desde que se instauró el cristianismo, muchas personas han dicho: ¡Listo, ya se va a acabar el mundo! ¡Estamos en el período de gran tribulación! ¡Ya viene El Mesías!… Así ha sido toda la vida. Esa ha sido la experiencia de toda la humanidad.

¿NO EXISTE LA PAZ?

Por ejemplo, dice Jesús en san Mateo:

“Os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”

(Mateo 24, 4-7).

“Jesús, Tú le dijiste a tus discípulos eso. En algún momento también les ibas a decir”:

«Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20)

Por tanto, “Jesús; ¡No existe una paz! No existe una paz como la conoce el mundo, o como quisiéramos nosotros conocerla o entenderla o aceptarla.”

Y nos dice Jesús:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”

(Jn 14, 27).

Pues, “Señor, en este momento, por la comunión de los santos te pedimos por todos los que tienen miedo en el mundo, en las diferentes ciudades y países donde hay guerra. Donde hay guerra de armas y de muerte; “No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

VENGA A NOSOTROS TU REINO

Pero hay que entender, “Señor, entonces que Tú eres el que puedes, ¡El único que puedes conceder la paz en esos momentos de miedo, de tribulación, de terror!”
No habrá paz hasta que venga el Reino de Dios, eso también lo dice Isaías, no es que lo haya dicho el Concilio Vaticano II, hace unos tantos años, no.
Isaías dice:

«Él se sentará en el trono de David, y reinará sobre todo el mundo y por siempre habrá paz. «Su reino será invencible, y para siempre reinarán la justicia y el derecho. ««Esto lo hará Dios todopoderoso por el gran amor que nos tiene»»

(Is 9, 6).

Muy bien, Señor, pues, venga a nosotros Tu Reino, venga a nosotros ese Reino de Paz. Estamos esperando que llegue el Reino de Dios, que es el único momento en donde habrá paz.

ESTAREMOS EN COMBATE

Y los que estamos en este momento en el mundo,  estaremos en combate, estamos en guerra. Por eso Señor, cuando rezamos por la paz, realmente rezamos por la Jerusalén Celestial, por la instauración del Reino de Cristo en la tierra.
Porque el Señor también quiere eso, ya aquí en este mundo. Pero entonces, ¿Cómo así? ¿Hay paz o no hay paz? ¿Si esperamos la paz en este mundo o no esperamos la paz en este mundo?
La paz en este mundo la esperamos, pero es la paz en nuestros corazones. Porque la paz es consecuencia de la paz interior. Por eso, Señor, les decías, o nos decías a nosotros:

“No doy la paz como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde, ni tenga miedo. Mi paz os dejo mi paz os doy”

(Jn 14, 27).

Es una paz para el corazón, para el alma.

TODOS LOS CRISTIANOS ORAMOS POR LA PAZ

Entonces, uno de los amigos  (esto ocurrió en la conversación), le decía al otro: No, no, no, cuando rezamos nosotros por la paz ¡No perdemos esa oración!
Porque realmente, en ese momento, cuando oramos por la paz, y ahorita Señor, ¡todos los cristianos oramos por la paz! Lo que estamos ejercitando es la virtud de la esperanza, de la esperanza en la llegada del Reino de Dios, ¡¿Cómo se va a perder esa oración?!

Cuándo pedimos por la paz estamos diciendo ¡Maranatha! Qué significa: ¡El Señor viene!
Bueno, ya no estamos en navidad, pero aquí en este país durante la novena de aguinaldos, nueve días antes de la Navidad, cantamos por todas partes: “Ven ven y no tardes tanto.” “Ven, ven, ven.”
Como mi sobrino, el único sobrino que tengo, mi hermano me decía que muchas noches se despertaba en la madrugada y empezaba a cantar: “Ven, ven, ven”, y le decía: Papá, cántame el “Ven, ven, ven”. Esto en la madrugada… la oración de los niños, ¡Que belleza!

MARANATHA

Ven a nuestras almas Jesús, Maranatha, ¡El Señor viene! Y viene a nuestras almas. En el Padre Nuestro, también Jesús nos enseñó a orar:

«Venga tu reino» (Mateo 6:10).

Y este Reino no es otra cosa que el Señorío, el Reinado de Dios en nuestra alma, en nuestro corazón.
Por eso, ahorita que viene la cuaresma podríamos incluso adelantarnos unas horitas, porque empieza mañana, no es que empiece en varios días, ¡Mañana! Podemos pedirle a Jesús: ¡Conviértenos!, ¡Conviértenos!
Ese es el hilo conductor de todo el Nuevo Testamento, lo leí en estos días en un libro:

“Convertíos, porque está al llegar el reino de los cielos” (Mt 4, 17).

Es el hilo conductor de todo el Nuevo Testamento, según el autor.

CONVERSIÓN

Conversión”, porque está al llegar el Reino de los Cielos a nuestra alma, a nuestro corazón.

“Señor, aquí me quedaron en el guión varias cosas para comentar Contigo, pero tenemos que terminar, porque ya se nos acabó el tiempo.”
Vamos a seguir meditando en la paz, sobre la paz, a seguir rezando por la paz. Es normal que sintamos impotencia para modificar el rumbo de la historia…
Pero ahora que estamos, Señor, rezando; vamos a apoyarnos más en la fuerza de la oración. Sin el Señor todos los esfuerzos por pacificar los corazones son insuficientes.
Vamos a conseguirlo con oración y vamos a procurar en este mundo promover la paz en la propia familia, en el trabajo, en la vida social. Dios desea, “Tu, Jesús, quieres que cada uno de nosotros, allí donde esté, sea guardián de paz.”
Vamos a pedirle esto a nuestra madre, Santa María. Podemos acudir a ella bajo la invocación de Santa María de la paz:

¡Danos la paz! ¡Concédenos la paz!

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