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FOCO DE ATENCIÓN

foco de atencion

Los apóstoles son unos despistados y, además, muy básicos…Acaba de tener lugar la multiplicación de los panes, recogieron siete espuertas con los trozos sobrantes (cfr. Mc 8, 8). Pero resulta que suben a la barca y vaya usted a saber dónde tienen la cabeza porque: se olvidaron de llevar panes y no tenían consigo en la barca más que un pan.

QUÉ DESPISTE

¡Qué capacidad de despiste! ¿Dónde están esas siete cestas o canastas con todos los trozos de panes? Allá deben haberse quedado, en la orilla del mar de Galilea…

Y, para mientras, los apóstoles preguntándose entre ellos: “¿Vos subiste las cestas a la barca? ¿Quién era el encargado? ¿No las tenía fulano?”
Hasta que ya la dura realidad se hace presente: las dejaron en la orilla y lo único que tienen es un pan; un miserable pan. Y en esto los hombres podemos llegar a ser muy básicos, y los apóstoles no son la excepción.

Sucede que aquello, el hambre que se despierta, la previsión de cuánto tiempo queda para la siguiente comida posible, etc. empieza a ser el único “foco de atención.”

Empiezan a calcular cuánto le correspondería a cada uno si agarran ese pan y lo parten en 13: un trozo para cada uno de ellos y, por supuesto, uno para Jesús. Porque ellos siempre se acuerdan de Jesús, al menos así lo piensan mientras dan vuelta a sus cálculos mentales.

ESTÉN ALERTA

Pero resulta que Jesús ha comenzado a hablarles. Y les dice:

««Estén alerta y se guarden de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes»»

(Mc 8, 15).

Ahora, tanto tienen metido el pan en la cabeza, que cuando escuchan la palabra “levadura”, lo único que se les ocurre es pensar: “¡Ya se dio cuenta Jesús! ¿¡Y ahora qué vamos a hacer!?”
Y ellos comentaban unos con otros que no tenían pan. Jesús les dice:

«Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué van comentando que no tienen pan?»»

(Mc 8, 17).

La verdad es que la escena me parece tragicómica: ellos clavados en el pan y su hambre, Jesús queriendo transmitirles ideas importantes, ellos que no se enteran.


Jesús que vuelve a la carga para intentar conseguir que ya: “¡Ya basta señores! No se enreden en esas cosas. Pongan atención. Pasemos página. Ya me di cuenta. Eso se arregla.

SE NOS OLVIDA TODO

Ahora lo importante es lo siguiente: aprendan a no caer en la misma actitud de los fariseos y Herodes”. Pero ellos están cegados por esa “necesidad” que les atrapa la cabeza y la atención.

“Jesús, nosotros no somos distintos de los apóstoles y Tú lo sabes. Gracias por tenernos la misma paciencia y la misma confianza. Ayúdanos a no dejarnos atrapar por nuestras “necesidades” (o lo que consideramos nuestras necesidades) de tal manera que ya solo andamos pensando en eso y ni siquiera te ponemos atención a Ti”.

Es curioso cómo somos capaces de dejarnos absorber por nuestras preocupaciones y se nos olvidan los demás, se nos olvida Dios, se nos olvida todo. Allí hay algo que no funciona…

EJEMPLO DE AMOR

Me acordaba de las palabras de la Madre Teresa de Calcuta en el Desayuno Nacional de Oración en Estados Unidos en 1994, que decía:

“Una familia hindú me ofreció un ejemplo extraordinario de amor al vecino. Un señor vino a nuestra casa y nos dijo: “Madre Teresa, hay una familia que lleva mucho tiempo sin comer. Haga algo”. Así que cogí algo de arroz y fui allí enseguida. Y vi a los niños con el brillo del hambre en los ojos.

No sé si han visto el hambre alguna vez. Yo la he visto muchas veces. Y la madre cogió el arroz que le di y se fue. Cuando volvió, le pregunté: “¿Dónde ha ido? ¿Qué ha hecho?”. Me dio una respuesta muy sencilla: “Mis vecinos también tienen hambre”. Lo que me impactó fue que lo supiera. Porque… ¿Quiénes eran ellos?: era una familia musulmana, y ella lo sabía.

Aquella tarde no les lleve más arroz porque quería que todos, hindúes y musulmanes, disfrutaran con la alegría de compartir”.

¡Qué gran lección! Y como dice esta santa: lo que impacta es que, estando en una necesidad tan grande, supiera que sus vecinos también tenían necesidad y se ocupara de aliviarla.

FOCO DE ATENCIÓN

¡Qué capacidad tienen nuestras cosas de absorbernos, de ocupar toda nuestra cabeza, de ser el único foco de atención! Y ya no le prestamos atención a quienes tenemos al lado o a quienes nos encontramos en nuestro día a día.

¡Hay que abrir los ojos, destapar los oídos, despertar el corazón! “Jesús, ayúdame a no vivir encerrado en la cárcel asfixiante de mi yo. De mi yo y sus necesidades supuestamente imperiosas y urgentes. Esas que me llevan a estar centrado en mí mismo y a no voltear a ver al otro, ese otro que está siempre allí, también necesitado de atención y de cariño”.

Me pasa con el otro, y me pasa con el mismo Dios. “Porque dejo de escucharte a Ti, Jesús, como los apóstoles. Y entonces me cuesta comprenderte y, en todo caso, quiero que te ocupes de mis cosas, de mis necesidades y son ellas mismas las que me impiden ponerte atención. ¡Ayúdame!”

UN RELATO ALECCIONADOR

Me acordaba de otro relato muy aleccionador. Tal vez lo habrás escuchado, pero nos ayuda mucho. Se trata del Arquitecto mexicano Bosco Gutiérrez que relata su secuestro. Hay un punto de inflexión en su secuestro. Él estaba humillado, destrozado, golpeada, encerrado. Dice así:

“Yo fui como que perdiendo la capacidad de análisis y de estar; empecé a irme. Un guardián se asoma por la puerta (…) Prende la luz y con un papel en la mano con un plumón grande pone: “¡Viva México! Hoy es 15 de septiembre”.

Yo me le quedé viendo, así como “y yo qué” (…). Me dijo (así escribiendo): “hoy puede usted tomar lo que quiera” y me hace así [hace un gesto de tomar de una botella]. Me dijo (escribiendo): “¿qué quiere?”. (…)

Yo le dije: “mire, tráigame un whisky”. Me dice: “¿cómo lo quiere?”. “Quiero un vaso high-bolero, alto, y me traes un whisky straight, hasta arriba, con un hielo grande”. (…)

El tipo todavía me dice: “¿qué marca?”. Digo: “Chivas”. Total, se va, apaga la luz y todo vuelve a la normalidad. Y digo: “Dios mío, no vaya a ser mentira lo del whisky. Porque si es mentira me muero. ¡Ahora sí! ¡Lo necesito! ¡Este es vital para mí! ¡Sin el whisky yo me muero! (…)

En ese momento para mí era vital, (…) era como recuperarme, como ilusionarme de nuevo por algo en la vida que había yo perdido la ilusión. (…) A las 3 o 4 horas (…) llega este señor encapuchado y pone el whisky en la repisa de la puerta. (…)

Entonces me arrastro…, cojo el whisky y me regreso como animalito con su presa hasta atrás del cuartito, y digo: “Esto me lo voy a disfrutar, pero hasta el último sorbo, porque es vida para mí”.

Empecé a olerlo y empecé lo que yo llamo “el culto al whisky”. Lo olía, me lo repasaba por el cachete, por la herida de la boca, por la nariz. Delicioso, fresco, algo nuevo de sabor, un olor diferente.

Y cuando estaba en ese culto (…), empieza la voz (…) que me dice: “Bosco, ofréceme el whisky”. “Dios mío te ofrezco lo que quieras. Te ofrezco estar aquí”. “Eso no depende de ti”. “Te ofrezco no ver a mi familia”. Me decía: “Eso no depende de ti. No te hagas el tonto, ofréceme el whisky. Quiero un sacrificio tuyo”. “Es que es vida”. “Ofréceme el whisky”. (…)

Y en ese jaloneo me volteo para cubrir la cámara, porque sé que la cámara me está viendo (…) y digo “pues que no me vean hacer esto los guardianes” (…) y tiro el whisky en el escusado, sin darle un sorbo. Y en ese momento (…) dejo caer el vaso en el suelo y me quedo temblando medio dormido. (…)

Al despertarme me despierto con cierta satisfacción. Me despierto como diciendo “¿Sabes qué? Algo valgo después de todo. No soy una porquería, ni soy un cobarde. (…) Algo valgo porque pude ofrecer esto (…). Porque esto para mí era vital y lo pude ofrecer”.

Y la utilidad para mí, desde el punto de vista espiritual, fue mucho mayor que haberme tomado el whisky. En ese momento, cobro un poquito de fuerza y por primera vez en 16 días me pude mover, (…) me hinqué en el suelo de concreto”.

¡Esta es otra gran lección!

LA SUERTE DE TENERTE A TI

“Jesús, se nos acaba el tiempo, pero hay tiempo para decirte: que sepa poner las cosas en su lugar. Que mis necesidades, que me pueden parecer vitales (y hasta cierto punto lo son) que no me quiten la capacidad de ver a los demás y de escucharte y seguirte a Ti.

Que sepa estar por encima del pan, del arroz, del whisky. Yo, como tus apóstoles, soy medio despistado y un poco básico. Pero, como ellos también, cuento con la gran suerte de tenerte a Ti. Ayúdame.”

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