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EN VOS CONFÍO

EN VOS CONFIO

TRATAR DE LLEGAR AL CIELO

En las lecturas de la misa de hoy nos encontramos un contraste. La primera es la famosa historia de la Torre de Babel.

Allí se dice que:

«Dios dispersó a los hombres confundiendo sus lenguas».

Y en el Evangelio se dice que: «Jesús, llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo:

—Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga».

O sea, que en la Primera Lectura Dios dispersa a los hombres y, en el Evangelio, los reúne.

Según cuenta el Génesis,

«Los hombres habían emigrado, encontraron una llanura y con ladrillos, cocidos al fuego, se dispusieron a construir una ciudad con una torre que alcanzara el Cielo, para así hacerse un nombre y no dispersarse por la superficie de la tierra».

Sin embargo, Dios interfiere en ese proyecto. Él les había dado el mandato de poblar la tierra, no de quedarse en un lugar. Con su ciudad y su torre, con el dominio de la técnica y ese lugar próspero, pretendían ellos ser su propia referencia, hacerse un nombre y llegar al cielo.

Leí un comentario que distinguía: “ser imagen de Dios”, de ser “semejantes a Dios”.

Querían ser como dioses, en el primer pecado de Adán y Eva, que también nos relata el Génesis. Quienes tentados por la serpiente quieren llegar al cielo por sus propias fuerzas, a la vez que ignoran lo que el Señor les había mandado.

Ser semejantes a Dios, pero sin un Dios. Ser ellos mismos Dios. Por eso ésta vez el Señor interviene, confunde sus lenguas y hace que su proyecto no prospere y así se dispersen por la faz de la tierra.

ESTAR JUNTO A CRISTO

En el relato de san Marcos podríamos interpretar que Jesús no quiere a los hombres dispersos. De entrada, es Él mismo quien los llama para que se le acerquen a la gente, a sus discípulos, y les dice lo que tienen que hacer para seguirlo, para estar con Él y por tanto, estar juntos en Cristo.

Y esta vez, la referencia no es el hombre mismo ni sus obras. En primer lugar, la referencia sos Vos, Jesús:

«Si alguno quiere venir en pos de mí».

Y el requisito para estar con Vos es justo lo contrario. Esa autorreferencialidad: es negarse a uno mismo, tomar la propia cruz y seguirte. Estar con Dios hecho hombre. Seguir sus pasos, tomar la cruz para <ser semejantes a Él.

Para hacer que crezca su imagen, podríamos decir, en nosotros. ¡Cuánto depende la conducta de los hombres, de la confianza que lleguen a tener en Dios! Lo que él pide, está claro, pero en el camino aparecen otras posibilidades…

Un lugar próspero, el dominio de la técnica que los hace capaces de cosas grandes, de hacer una ciudad, una torre. O en lugar de negarse a uno mismo, afirmarse que es lo que piden muchas veces nuestras inclinaciones.

¿CONOZCO SU VOLUNTAD?

Por eso, podemos meditar en este rato de diálogo con Jesús en, ¿cuál es la voluntad manifiesta de Dios para mí? Y, ¿cuánta confianza tengo en que ese es el camino de mi felicidad, de mi plenitud, de mi mayor fecundidad?

Puedo interpretar, en mis propias circunstancias: ¿quiénes son las personas a las que querés que yo intenté hacer feliz, acompañar o comprender?…

También puedo reconocer mis responsabilidades: ¿donde puedo dar mi aporte?… ¿Qué prioridad tiene cada cosa? ¿Qué tengo que hacer?…

Sé también. ¿en qué prácticas de piedad me espera cada día?… ¿En los sacramentos?… ¿En la oración?

Y por otra parte, aparecen esas otras posibilidades, que quizá me dan seguridad, que me dan un nombre, que me atraen pero no me llevan a estar con Vos, Jesús. No me hacen más semejante a Vos.

Y puede ser dedicar mucho tiempo a mí mismo o empezar por lo que más me agrada en vez de lo que me toca, o no estar dispuesto a hacer pequeños sacrificios para facilitar la convivencia con los demás.

Se me ocurría que en ésta confianza en Vos, Señor, que seguramente es algo muy dinámico, que puede crecer o disminuir y se puede poner en práctica muchas veces al día.

LO QUE VIENE DE DIOS ES LO MEJOR

Podríamos distinguir como dos grandes escalones. El primero que yo me crea, al menos en la teoría, que lo que viene de mi padre Dios es lo mejor para mi.

Tener la seguridad que con la vida que me me dio, mis circunstancias, mi vocación, las pruebas que tengo, los talentos, los mandamientos mismos; Dios no quiere arruinarme la vida, sino que yo pueda crecer en esa imagen que puso en mí…

Que yo pueda estar más cerca de su hijo. Parecerme más a Jesús. ¡Ahí está la alegría, la paz, la fecundidad!

A fin de cuentas, la unión con mi Padre Dios en el Cielo. Creer en ese plan que tiene Dios para mí: ¡que es el mejor de todos, la mejor aventura, la más rica!

SER SEMEJANTE A JESÚS

Y un segundo escalón, quizá un poco más alto todavía, sería creerme acá y ahora, que lo que me conviene es, lo que me asemeja a Jesús.

En las decisiones del camino, incluso aquellas en las que cuando se me presenta como atractiva una conducta que difiere de los mandamientos, que me aleja.

Por ejemplo, si ya sé que comí suficiente y me dan ganas de repetir otra vez, el postre; y parece que lo que me va a hacer más feliz es seguir comiendo, porque me encanta. Y me doy cuenta en el fondo que lo que más me acerca a Jesús no es eso. Porque ya está, es suficiente.

O cuando mi reacción natural es decir algo para quedar bien, para ser el centro de atención. O hacer algo que no es lo que en ese momento me toca hacer por mis responsabilidades, pero me resulta más cómodo, más placentero.

También ahí tener la suficiente confianza en Jesús para hacer lo que me acerque a Vos.

HACER SU VOLUNTAD

Y se me ocurre ahora, un tercer escalón. Todavía de esa confianza que es hacer lo que es la Voluntad de Dios con alegría.

No con resignación, lamentándome, sino con alegría de acercarme a Jesús. De poder hacer algo que manifieste mi deseo de unión con Vos. Que con la alegría de que crezca Tu imagen en mí.

En el fondo el tercer escalón es hacerlo con mucha libertad. Qué importante conocer y confiar en lo que es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros.

En la Virgen María tenemos el mejor ejemplo de confianza en los planes de Dios para crecer en unión con Él…

Tanto que ella puede decir:

«Que se haga en mí según tu voluntad».

Y pone todo lo que está de su parte para llevar adelante lo que Dios le manifiesta.

Que nos ayudes, Madre nuestra, a confiar así en nuestra inteligencia primero y en las obras. En las oportunidades que hoy mismo se nos presenten.

Para discernir cuál es la voluntad de Diosy lanzarnos con confianza, con alegría, a acercarnos a Él, a hacer su voluntad… Sabiendo y comprobando que ese es el camino de la felicidad.

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