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EN UN LUNES NORMAL

EN UN LUNES NORMAL
LA IMAGINACIÓN

Yo no sé si a ti también te pasa como me sucede a mí, que tengo que luchar contra las distracciones en la oración mental con mucha frecuencia. Y me da vergüenza reconocerlo, pero a veces, la imaginación -la “loca de la casa”, como la llamaba santa Teresa- echa a volar y resulta que me arrastra por caminos que terminan siendo absurdos.

Eso sí, apenas me doy cuenta, le pido perdón a Dios por haberle quitado tiempo a este diálogo que habíamos quedado que íbamos a hacer y por haberlo dejado hablando solo; y le prometo que voy a empezar de nuevo, una y otra vez, cuantas veces haga falta…

Me da vergüenza porque por mi mente pasan las situaciones más absurdas, más ridículas. ¡Qué pena dejar a Dios hablando solo, por estar imaginándome anotando el gol decisivo en la final de la Champions o dándole vueltas a un recuerdo que yo pensaba que ya había olvidado, sacando cuentas de algo que quiero hacer ese día o, incluso, tarareando una canción (que de hecho es la lucha que tengo el día de hoy)!

I DON’T LIKE MONDAYS

Lo más absurdo es que la canción ni siquiera es de mi época. Es un clásico de los 70’s, finales de los setenta, ya 80’s -la escuché por casualidad en internet- y, desde entonces, ya no puedo dejar de tararearla. El título es «I don’t like mondays» (no me gustan los lunes), es de un tal Bob Geldof que, por los videos que he visto, ahora debe tener como ciento ochenta años…

No sé cómo haces tú para lidiar con las distracciones en la oración mental. Yo lo que hago –y este es uno de los mejores consejos que me han dado en la dirección espiritual.  Es, por supuesto, intentar cortar con estas distracciones que me quitan tiempo de diálogo con Jesús, pero, además (y aquí está el truco) intento darle vuelta a la tentación y ver si aquello que me distrajo se puede convertir en materia para mi oración.

“Maestro, ¿acaso no fue eso lo que hiciste en las tres tentaciones en el desierto? ¿Acaso no le diste vuelta a la situación para que esas tentaciones fueran ocasión de alabar a Dios a partir de algo que debía ser piedra de tropiezo?

“Hoy, por ejemplo, voy a intentar dejar de tararear esta canción que tengo en la cabeza (otra vez), pero aprovecharé la letra y te diré Señor, algo que Tú ya sabes porque me conoces muy bien: I don’t like Mondays… a mí tampoco me gustan los lunes”.

PRIMER LUNES DEL TIEMPO ORDINARIO

Yo sé que es cuestión de preferencia personal porque me imagino que, en el universo mundial, seguro alguien habrá que se vuelve loco por los lunes, que le encantan los lunes y que odia los fines de semana. Pero a mí, personalmente, este lunes me cuesta un poco más porque es el primer lunes del tiempo ordinario.

Ayer, precisamente, la Iglesia cerró oficialmente el tiempo de Navidad con esta solemnidad del Bautismo del Señor y después de la fiesta, hoy, todo es «normal». Siempre, después de la fiesta, alguien tiene que barrer el confeti.

Hoy, volvemos a lo normal, a lo corriente y en eso mismo estaban también unos hombres, que son los que aparecen en el Evangelio de hoy.

Era un día normal de trabajo en la oficina, pero la oficina era al aire libre, en el mar de Galilea y su oficio ya lo conocemos.  Leemos hoy en el Evangelio:

«Pasando [Jesús] junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores»

(Mc 1,16).

COLUMNAS DE LA IGLESIA

Esto pudo haber sucedido, perfectamente, en un lunes normal, como el de hoy. Un día que iba a ser igual a los otros, en el mismo lugar y con la misma gente, como dice la canción… “Y es allí donde Tú, Jesús, los llamas.”

De hecho, un poco más adelante, viste también

«a Santiago, el de Zebedeo y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes»

(Mc 1,19).

Y se repite la escena, porque les dijiste: «Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres»»

(v. 17).

Estoy seguro que esta no es la primera vez que escuchamos este pasaje, pero si así lo fuera, ¿qué nos sorprendería?

Primero -yo creo-, el tipo de personas que Dios esta llamando. Porque no son, precisamente, la crema y nata de la sociedad judía, son ciudadanos normales, comunes y corrientes, como este lunes.

En segundo lugar -yo creo- que también llama la atención el hecho de que Tú Jesús, vas a buscarlos en ese lugar que es tan poco esperado para alguien que ve las cosas de Dios.

Porque otras personas han recibido el llamado de Dios en el templo o haciendo un rato de oración -como nosotros ahora mismo, en estos diez minutos con Jesús- o, tal vez, con ocasión de un milagro.

En este caso del Evangelio, Dios los llama en la oficina… Y la llamada es real, porque estamos hablando de santos apóstoles, que serán después columnas de la Iglesia: Pedro, Andrés, Santiago y Juan.

JESÚS NOS LLAMA

“Y esto nos da una tranquilidad enorme Señor, porque, mientras hablamos contigo en 10minconjesus y vamos considerando el modo en que haces las cosas, nos vamos llenando de la seguridad de saber que puedes llamarnos también a nosotros en muchas circunstancias comunes y corrientes del día a día: en la oficina, en la cocina, limpiando la casa, en el aula de clases, delante de una computadora, sentados en el autobús o con una escoba en la mano”.

Por eso, nos pueden gustar más o menos los lunes, nos puede gustar más o menos nuestro lugar de trabajo, de estudio o las tareas que tenemos pendientes, etc., pero sabiendo que allí podemos encontrarnos con Dios; nuestro gusto, la verdad es que importa poco.

Lo que cuenta es el amor, que no siempre coincide con el propio gusto. Y si no, pregúntaselo a una madre o un padre que sacrifican las propias preferencias por amor a sus hijos y lo hacen sin tanta tragedia.

ESTAMOS HECHOS PARA AMAR

La llamada de Dios es tantas veces hacer lo mismo de siempre -el deber de cada instante- siempre por amor a Él. Es una vocación para amar y nosotros estamos hechos precisamente para amar, en el día a día, con la frecuencia de la respiración, con la frecuencia del latir del corazón.

“Señor, donde quiera que nos estés llamando, aquí me tienes porque me has llamado»

(1R 3, 9).

Da igual si no te gustan los lunes o si te levantas por la mañana lleno de energía o si sientes, por el contrario, que un camión te pasó por encima; si estás cansado o si crees que en otro encargo o en otro lugar podrías servir mejor a Dios.

Todo eso da igual, si con los ojos de la fe sabes que Jesús te espera (te llama) allí donde estás, para que le demuestres cuánto lo amas.

AMAR AL MUNDO APASIONADAMENTE

Permíteme recordarte uno de los pasajes más famosos de la homilía «Amar al mundo apasionadamente» de San Josemaría:

«En la línea del horizonte, hijos, parecen unirse el cielo y la tierra; pero no.  Donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria”

(Conversaciones,116).

Después, en otro pasaje, nos dice algo que va muy bien para un día como hoy:

“Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres»

(Conversaciones, 113).

Por eso, después de estas navidades, ojalá tengamos la ilusión de volver a lo normal, como también después de Navidad tenemos ilusión por volver al peso normal.  Porque como diría don Ramón, «lo último que se pierde es la barriga, señor esperanza».

E incluso, si no hay ilusión humana por lo que debemos hacer, que no falte el amor de Dios, que es más fuerte que el tener o no tener ganas. Si no nos ilusionan las cosas de la tierra, recordemos que para un alma enamorada, todo se convierte en ocasiones de encontrar al Amor en lo corriente.

Por eso,

“¡Señor, que no vuelva a volar pegado a la tierra! ¡Que esté siempre iluminado por los rayos del divino Sol -Cristo- en la Eucaristía! ¡Que mi vuelo no se interrumpa hasta hallar el descanso de tu Corazón!”

(Forja, 39).

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