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ALLANAR LOS CAMINOS

Dios nos cumple sus promesas

“Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. 

Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar”.

(Is 48, 17-18)

Comienza así la primera lectura que nos propone la Iglesia en la liturgia del día de hoy, que corresponde al libro de Isaías, en el capítulo 48 (recuerda que a partir del capítulo 40 se conoce a esta parte del libro de Isaías, como el libro de la Consolación).

Nos incita el Señor a volver a poner nuestra confianza en Él, retumba en nuestros oídos esas ideas de que tenemos que allanar los caminos para la venida del Señor y eso es lo que intentamos hacer durante el Adviento: allanar el camino del Señor, que sea más fácil para el Señor venir.

Por eso se conecta perfectamente con el salmo responsorial, que también usamos el día de hoy en la liturgia:

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se siente en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor que medita día y noche”

(Sal 1, 1-2)

LOS MANDAMIENTOS, NUESTRA LUZ

Esto es lo que tenemos que intentar: hacer que la ley del Señor, sus mandamientos, sean nuestra luz en los momentos más complicados y tenemos que reconocer que estamos viviendo momentos difíciles.

“Jesús, ayúdanos a guiarnos siempre por Tu Palabra, a que estemos dispuestos a pasarla un poco mal para hacer la vida agradable a los demás”.

Es que es impresionante, porque hay personas que siempre están dispuestas a considerar más a las personas extrañas, llenándolas de favores, coqueteando con su cariño, desviviéndose por conseguir consideraciones, afectos y una felicidad efímera; mientras que, en el núcleo familiar, con los suyos, con los que están más cerca, se muestran distantes, intransigentes, incapaces de mantener una actitud de servicio; ingratos diríamos.

“Lo desconocido despierta más admiración que lo próximo”.  Los otros siempre están mejores que la familia o los amigos.

Lo novedoso de cada relación les absorbe por completo, mientras que lo conocido es como despreciado; pero ese tipo de relaciones sólo duran un poquito, un cortejo; y encontramos esa misma disposición en el pueblo de Israel, que mantenía esta actitud respecto a Dios.

Se cansó del Dios que lo guía, que le alimenta; se cansó del Dios que le procuraba una enseñanza firme y duradera, se cansa del amor que Dios le ofrecía, mientras mendigaba la amistad de otros dioses paganos.

Israel se olvida del Dios que lo liberó de la esclavitud y se muestra a sí, como un pueblo ingrato en búsqueda de la novedad, sacrificando toda su felicidad por un momento de orgullo y de placer.

DIOS CUMPLE SU PROMESA

¡Qué difícil resulta la vida al caminar con este tipo de comportamientos!  Un tiempo a su lado estoy débil, necesitado, mientras camino bajo la vulnerabilidad; y otro tiempo, más bien de distancia, de lejanía, queriendo hacer ver que ya no dependo de ese Dios, que puedo caminar sólo con mis fuerzas y Dios.

Como cualquier amigo, no quiere personas dependientes, pero sí pide la cercanía, la proximidad, la gratitud, la confianza, el amor por lo que es justo; pide que le busquemos con paz, que le busquemos en el bien de la instrucción que Él mismo nos da.

Dios cumple su promesa de estar siempre junto a nosotros, pero nos exige una respuesta comprometida: la fidelidad y eso es lo que encontramos en el Evangelio también.

El Evangelio de Mateo (que también nos propone la Iglesia el día de hoy) nos sitúa ante las personas que nunca están contentas con nada, todo les parece insuficiente, detestable, ni son capaces de reír con los que están alegres, ni son capaces de llorar con los que sufren:

“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado.”

(Mt 11, 17)

CUANDO LA DUREZA DEL CORAZÓN SE VUELVE INSENSIBLE

Así es la dureza del corazón cuando se vuelve insensible: nada le conmueve, nada conmueve a estas personas ingratas.  Son incapaces de la empatía, incapaces de aceptar los cambios que generan la vida, incapaces de dejarse moldear por la ternura.

La comparación que Jesús hace en el Evangelio con respecto a la generación de su tiempo, que no escuchó tampoco a Juan el Bautista, ni a su mensaje de conversión ante el cual todos pensaban que se trataba de alguien especial, pero otros decían que era un demonio y tampoco escucharon a Jesús que invitaba a la alegría, a compartir y que su mensaje era de amor, de reconciliación entre Dios y sus hermanos los hombres.

Tampoco fue suficiente para ablandar los corazones de los hombres, ni de su pueblo, porque ellos decían: ¡no! Es un comilón, un borracho; ni reír, ni llorar.

NO SABIA QUE HACER

No sabían qué hacer, no eran empáticos, no buscaban a Jesús y tenemos que ver si esto a veces nos pasa a nosotros, si nos encerramos dentro de nosotros mismos, si perdemos la sabiduría de Dios y nos metemos en esa insatisfacción generalizada.

En esa ingratitud del corazón de piedra, no se conmueve con nada, el reír y llorar de los demás no nos cambian.

“Señor Jesús, queremos aprovechar estos días que estamos intentando allanar los caminos para que vengas, para renunciar a todo lo que nos aleja de Ti, para dejar esas cosas que apartan también de Ti a la gente que nos rodea Señor, que son nuestros hermanos y que a veces nos olvidamos de las cosas fundamentales.

Danos Señor Tu sabiduría, enséñanos tus caminos, ayúdanos a entender mejor estos pasajes de Isaías, que lo que nos dicen es que tenemos que volver a Tu luz, que tenemos que dejar esa ingratitud para ser cada día mejores hijos”.

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO

Hace poco, una madre desesperada escribió una carta a su hijo que se publicó en medios españoles y llegó a difundirse muchísimo, te la leo porque me parece que es bastante clara:

“Querido Aaron: como parece que has olvidado que tienes sólo 13 años y que yo soy tu madre y como te niegas a aceptar el control, creo que necesitas una lección sobre independencia.

Como dices que ganas tu propio dinero, va a ser más fácil pagar por todas las cosas que yo he comprado para ti antes.

Si quieres usar tu propia lámpara o utilizar internet, tienes que pagar una parte de su coste con los siguientes servicios: alquiler $430, electricidad $116, internet $21, comida $150.

También tendrás que tirar la basura de los lunes, miércoles y viernes y pasar la aspiradora esos días.

Tienes que limpiar tu cuarto de baño todas las semanas para hacer tu propia comida y limpiar cuando hayas terminado, si no lo haces te cobraré un extra por la limpieza que tenga que hacer por ti.

Si decides que prefieres ser mi hijo otra vez en lugar de mi inquilino, podemos discutir los términos nuevos.  Saludos, mamá.”

ALLANAR LOS CAMINOS DEL SEÑOR

¿Te das cuenta si Jesús nos hiciera lo mismo a nosotros? ¿Si nos exigiera que también le devolvamos de esta misma forma todo lo que nos da?

El Señor quiere que allanemos sus caminos, que le busquemos realmente, que dejemos de lado nuestros egoísmos, que nos volquemos con los que están a nuestro alrededor, que no nos tenga que decir de nuevo:

“Si hubieras atendido mis mandatos, hubieras seguido mis instrucciones, hubiera tenido todo un mejor fin”

“Señor, queremos volver a Ti, queremos prepararnos realmente para estas navidades, quitando las cosas que nos alejan de los demás, especialmente de los que tenemos más cerca, aprovechando para pasar por alto las cosas que tal vez a veces nos molestan, pero que no son tan graves recurriendo a San José, ahora que estamos en su año santo”.

SAN JOSÉ

Él era el hombre del encogimiento de hombros; o sea, que le daba poca atención o poca importancia a los problemas y que, más bien, siempre ponía esa inteligencia creativa para salir adelante.

Inteligencia creativa para solucionar los problemas, igual que tenemos que hacer tú y yo para aplicar nuestra inteligencia creativa, para pasar por alto las cosas que no nos gustan o para buscar soluciones simpáticas para acercarnos a los que nos hemos alejado, para pedir disculpas cuando nos hemos salido un poco de tono o para hacer simplemente la vida más agradable a los demás.

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, sino que su gozo es la ley del Señor y medita su ley día y noche”.

Le pedimos a nuestra Santísima Madre, que nos ayude a ser estos hombres, que estamos constantemente buscando al Señor, meditando su ley día y noche y que no nos perdemos en tonterías, en las bagatelas que nos ofrecen una felicidad pronta, pero que luego nos dejan el corazón en soledad.

Ponemos estas intenciones en manos de nuestra Madre la Virgen, ella sabrá ayudarnos a allanar los caminos para que llegue su Hijo a nuestro corazón.

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