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ACEPTAR LA CORRECCIÓN

Corrección
CORRECCIÓN FRATERNA

En algunos países de Latinoamérica se celebra hoy la Solemnidad de Corpus Christi. Pero la mayor parte, estábamos viendo con los demás sacerdotes del equipo, se celebra el día domingo. 

Así que hemos decidido, a partir del día domingo, hacer un octavario de meditaciones relacionadas con la eucaristía y les animó a escuchar porque estamos poniendo muchísimo cariño en preparar. 

Hoy en cambio quisiera cambiarme de tema y hablar un poco de la corrección fraterna. El cariño que lleva a las madres a corregir continuamente a sus hijos; ese suelta ese cuchillo, no pegues a tu hermana, siéntate bien, todavía no te has comido la sopa… yo creo que todos los escuchamos cuando éramos pequeños. 

Cansarse de corregir es cansarse de querer. A la gente que no se quiere le importa poco la vida del otro. Nos da ejemplo Jesús, Señor cómo querías tú a los apóstoles por eso les corregías y no te cansabas de corregirles con cariño. 

En el Evangelio vemos cómo el Señor, no solo corrige sino que también enseña a corregir: 

“Si tu hermano peca, repréndelo a solas (…) Si te hace caso, has salvado a tu hermano”

(Mt 18,15-20). 

Corregir sí y tenemos que aprender a corregir pero siempre con delicadeza. No se trata de machacar a alguien sino de ayudarle. 

CORREGIR CON CARIÑO

Mientras preparaba la meditación escuchaba una discusión en en la calle y me hacía la idea que eran dos conductores un hombre y una mujer se ve que ella había hecho no sé alguna maniobra un poco extraña y el conductor empezó a gritar: “Para eso tienes carnet… Mejor que te quedes en tu casa gorda!” 

Hay que corregir, sí, pero hay que corregir con cariño. No hay que clavarse de la bocina para decir las cosas que no nos gustan. Hay gente inclusive que son como justicieros del camino, que si hacen algo le van persiguiendo al auto que ha hecho la maniobra falsa haciéndole luces o haciéndole señas para que se dé cuenta el mal que hizo. 

Corregir pero corregir con cariño. El que ama la corrección ama la sabiduría y la persona inteligente es la que admite las correcciones, porque equivocarse es humano y aceptar las correcciones también lo es. 

QUIEN BIEN TE QUIERE…

Me contaba un amigo que estuvo en la casa de un primo al que le gustaba mucho los pájaros y le gustaban tanto que tiene uno en el interior de su casa. Además, es un ave un poco grande, le llamamos cernícalo, es como un halcón (un águila pequeña para los que no tenemos mucha idea de pájaros). 

Contaba que el pájaro se portaba tan bien y era tan bueno que el dueño se llegó a encariñar con él y le cogió tanto aprecio que le hablaba con cariño pero también le corregía las cosas malas que hacía. 

Imagínese diciéndole al pájaro: “Mira, no te comas esto porque te va a sentar mal tiene muchos huesos, después se te quedan atrancados de la garganta; pero qué haces viviendo esta cochinada…” Cualquier cosa de este estilo que es tal vez un poco gracioso pero efectivamente, tanto cariño que le corregía y le decía con cariño las cosas. 

Hay un refrán que dice: “Quien bien te quiere te hará llorar” Que justamente hace referencia a la cantidad de correcciones que la gente hace. Dios quiere que mejoremos pero quiere que mejoremos y que mejoremos mucho, que seamos de hecho santos. Por eso no se cansa de corregirnos y de decirnos cosas pequeñas. 

El Señor no entiende cómo no se corrige al que actúa mal (Ez 33,7-9). 

“Ojalá escuchéis hoy la voz de Dios”

(Sal 94)

Dice el Salmo de la misa. 

“Ojalá Señor que escuchemos tu voz también cuando nos corrijas, cuando nos digas cómo tenemos que actuar o cuando tenemos que irnos a confesar también”. 

Algunas veces, como sacerdote, hay que acoger a todas las personas, todos los pecadores, pero tal vez a los que tienen más confianza cuando te cuentan algo un poco más grueso pues por supuesto que hay que corregir, abrazar a la gente, que vengan con toda la confianza. 

Pero también hacerles caer en cuenta del mal que han hecho porque es una forma concreta también de ser cariñosos, demostrarlo esa fuerza del que corrige con delicadeza pero con firmeza. 

QUE ESCUCHE TU VOZ

“Ojalá que escuchemos tu voz, Señor, cuando nos corrija o cuando Tú nos corrijas a través de alguien más”. Y no solo tiene que ser de mayor a menor. Cuántas veces una palabra atinada de alguien más pequeño puede hacerte darte cuenta que vas mal.  

Siguiendo el ejemplo del que va en el carro, el nieto que le dice al abuelo que está hecho un energúmeno cuando está en el carro que se parece a los luchadores de la WWF, está todo el rato como luchando contra toda la gente que está alrededor… Pues es una corrección que es muy válida y que no solo puede pasar a cháchara hay que hacerla vida. 

Dios habla por muchos sitios y nos llega cuando las personas que nos ayudan a tratarle nos dicen lo que hacemos mal y también nos llega en la oración esas correcciones. Y no es fácil aceptar que otra persona te diga lo que haces mal. Es distinto que alguien te diga lo que que haces bien, ahí le agradeces o es distinto que tú mismo te des cuenta las cosas que haces mal para cambiar. 

Pero cuando alguien te lo dice, a veces pica, lógico… Decía una señora: “Mire, es que yo soy muy orgullosa, me picó enseguida, me caliento la cabeza sobre todo cuando me llevan la contraria o eso no lo soporto le doy vueltas y vueltas y me enfado mucho por tonterías”. Bueno lo que hay que hacer es aconsejar que  tiene que compartir el orgullo, que no se tiene que enfadar tanto. 

“Señor que no nos enfademos cuando alguien nos diga las cosas que hacemos mal. Y cuando notamos que alguien más se enfada por eso, encomendarle y ver la forma de volver a llegar de forma más delicada con esa persona”. 

QUERER CAMBIAR

Hay que darnos cuenta que mejorar cuesta, por supuesto que cuesta. Hay que dejarse decir las cosas, hay que querer cambiar, dejar de hacer algunas cosas y ponerse a hacer otras. Sí, definitivamente mejorar cuesta. A veces las cosas que nos dicen duelen, escuecen, como pica una herida a la que se le echa agua oxigenada para curarla. 

Se trata de no justificarse cuando nos digan las cosas. Es importante que nos demos a conocer, especialmente la dirección espiritual: “Me pasa que soy un poco perezoso o caprichoso” Cuándo dices con esa claridad, pues así nos ayudan y nos corrigen si hace falta. 

Porque sino terminamos intentando solucionarlo nosotros hablando con nosotros mismos y así no se resuelve nada porque no sabemos cómo actuar ante un problema o una circunstancia nueva para nosotros. 

Esta persona que hablaba con el pájaro decía: lo malo es cuando crees que te responde entonces luego cuando te das cuenta de que algo extraño está pasando, que el pájaro te responda ya sería el colmo… Pero claro, cuando uno habla solo te encuentras con esas gentes que efectivamente creen que todo pueden hacerlo solos y no. 

DEJARSE CORREGIR Y CORREGIR A QUIEN QUEREMOS

Dejarse corregir y también corregir a la gente que queremos. Porque el sitio a dónde va los viernes por la noche no le hace bien o que no puede hacerse el vago en los estudios o que su manera de vestir es un poco desastre. Los cristianos hemos de saber decir las cosas como las madres. No porque nos guste cantar las cuarenta sino porque queremos a los demás. 

San Pablo dice muy claramente: 

“A nadie le debáis nada más que amor” 

(Rm 13, 8-10). 

Y dice el poeta:

“Me duele el corazón cuando tu sufres 

pero no puedo dejar de corregirte 

La indiferencia juzga 

y no comprende. 

Un padre comprende, 

exige: por eso no puedo 

dejar de corregirte”. 

Vamos a pedirle a nuestra Madre, la Virgen, que nos ayude en este empeño de corregir con cariño y de dejarnos corregir cuando los demás tengan que hacerlo.

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