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Jesucristo, Tú eres el Rey de mi vida

cristo Rey

Los reinados humanos

Según la Real Academia de la Lengua, el significado de la palabra rey es: monarca soberano de un reino. Cuántas películas hemos visto en las que aparecen los reyes vestidos de modo imponente, cargados de joyas, medallas, y con muchos sirvientes. Nacidos en cuna de oro mientras sus súbditos son obligados a pagar impuestos y a rendirle honor a su rey por sobre todas las cosas.

Incluso hoy en día, los reyes que todavía existen en el mundo viven rodeados de un halo de sofisticación e incluso de misterio. Y siempre está la curiosidad por conocer sobre su vida y la de sus familias.

La felicidad de estos reyes parece estar asociada a la posesión de bienes materiales, comodidad y poder. Pero por más ricos y poderosos que hayan sido o sean, todos mueren. Sus reinados terminan. Sus seres queridos y sus súbditos los despiden en entierros pomposos con actividades que a veces duran varios días y en la actualidad son transmitidos a nivel mundial.

El rey que no es de este mundo

Pero hay un Rey que nada tiene que ver con esas imágenes. Y es nuestro Rey, Jesucristo, quien nació en un humilde pesebre. Fue criado como un niño normal, aprendiendo el oficio de carpintero de su padre adoptivo. Y cuando a Él se le reveló su misión la aceptó por amor a su Padre Dios.

Durante toda su vida terrenal sirvió a los demás y rehuyó decir que Él era Rey pero a la hora de su muerte es que finalmente lo aceptó ante Poncio Pilatos: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la Verdad escucha mi voz”. Y agregó: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. (San Juan 18, 336-37).

“Cristo es Rey y ansía reinar en nuestros corazones de hijos de Dios. Pero no imaginemos los reinados humanos; Cristo no domina, ni busca imponerse, porque no ha venido a ser servido sino a servir” (San Mateo 7, 21).

En la carta encíclica del Sumo Pontífice Pío XI donde se instituye La Fiesta de Cristo Rey se nos explica “… que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales”. Continúa diciendo: “… los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo…”. “Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no solo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz”.

La celebración del Rey que nunca muere

Han transcurrido 2022 años desde el nacimiento de Cristo. Cuántas batallas hemos librado para defender su reinado. Pero no es un reino que tenga un castillo imponente, con muros o ejércitos con armas. Es un reino que inició desde su venida al mundo. Sus batallas las libró con amor, con fe y confianza en Dios, con la verdad. Así nos demostró el mayor amor de todos. Y todavía, después de haber sido martirizado, pidió a Dios que perdonara a sus verdugos. A partir de ese momento, Él reina en nuestros corazones siempre y cuando lo dejemos entrar, siempre que se lo permitamos. De esta forma el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestras vidas. Nunca desaparecerá.

Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado a partir de su venida al mundo y su Resurrección para abrirnos a nosotros el camino al Cielo. Pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos. Estamos esperando su segunda venida.

¿Y cómo Jesús será el Rey de nuestras vidas?

Dice san Josemaría en Cristo que pasa 181: “Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma. Pero qué responderíamos, si Él preguntase: tú, ¿cómo me dejas reinar en ti? Yo le contestaría que, para que Él reine en mí, necesito su gracia abundante: únicamente así hasta el último latido, hasta la última respiración, hasta la mirada menos intensa, hasta la palabra más corriente, hasta la sensación más elemental se traducirán en un hosanna a mi Cristo Rey. Si pretendemos que Cristo reine, hemos de ser coherentes: comenzar por entregarle nuestro corazón. Si no lo hiciésemos, hablar del reinado de Cristo sería vocerío sin sustancia cristiana, manifestación exterior de una fe que no existiría, utilización fraudulenta del nombre de Dios para las componendas humanas”.

Pienso que para lograr que el Reino de Dios inunde nuestro corazón debemos hacer todo lo que podamos por conocer a Jesús. Leer el Evangelio, rezar con perseverancia, recibir los sacramentos. Se trata de conocerlo desde la experiencia para que así poco a poco imitemos su vida y nos vayamos enamorando de Él. Y llegado a este punto, tendremos tanta paz que querremos que más personas también lo experimenten. El apostolado de amor logrará que el reino de Dios crezca cada vez más.

¿Quién es el rey de tu vida?

Esta pregunta la hizo un sacerdote en una de las meditaciones. Me hizo pensar mucho ya que si bien sé que Jesuscristo es mi Rey podría estar adorando a otros reyes. El sacerdote proseguía haciendo otras preguntas: ¿Quién es tu rey de espadas? Es decir, ¿por quién luchas?, ¿a quién intentas agradar? Muchas veces nos desvivimos por ser el centro de atención en una fiesta, en el trabajo, en nuestra familia. O tal vez, tenemos algún problema que nos quita la paz.

Señor, te pido ser el motivo de nuestra lucha

¿Quién es el rey de copas? ¿Quién es el rey de la alegría? ¿Con quién lo paso mejor?

Señor, enséñanos a gozar en Ti

¿Quién es el rey de oro? El que ocupa mis deseos, anhelos.

Señor, te pido que nos ayudes a postrarnos solo ante Ti

Jesucristo, mi Cristo Rey, nos ha elegido para entrar en su reino como hijos de Dios. Dios quiere reinar en nuestra alma mucho más que en el universo.

Adorar a nuestro Rey

Un reciente artículo en este blog trataba sobre la oración a través de la música y compartieron un playlist el cual bajé en mi cuenta de Spotify. He descubierto grupos de música cristiana con melodías y letras hermosas. Muchas veces me he emocionado al punto de llorar.
Una canción en particular me ha acompañado los días en que estuve escribiendo este artículo: Mi Tesoro, del grupo Las Siervas. El coro dice así:

Nada vale la pena si Tú no reinas, Tú eres el tesoro de mi vida.
Nada vale la pena si Tú no reinas, Tú eres mi preciada perla fina.
Eres mi alegría, por Ti yo compro el campo entero, nada escatimo con tal de tenerte siempre conmigo. Eres mi tesoro y mi perla fina.

Link de la canción:

Aquí

Hoy los insto:

Señor Jesús, ayúdame a no ser un estorbo en la construcción de Tu reino en este mundo y a que las 24 horas del día me encuentre trabajando en la construcción de Tu reino en mí.

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