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Entre la Química y la Oración

actitud

Guadalupe Ortiz de Landázuri nació el 12 de diciembre 1916 en la ciudad de Madrid-España, fue educada bajo el seno de la fe cristiana, rodeada de tres hermanos, fue la última y única hija.

Desde pequeña experimentó sentimientos de pérdida por la muerte de su hermano Francisco, vivió un tiempo en África, pero luego volvió a su natal Madrid para culminar su bachillerato.

Siempre estuvo entre las pioneras. La única hija mujer y su padre militar. Comenzó a estudiar el bachillerato en Tetuán (África), como única estudiante femenina aceptada por excepción.

En la universidad, fue una de las cinco mujeres de entre setenta estudiantes de la carrera de Ciencias Químicas de la Universidad de Central.

Para 1944 asiste a misa y siente que Dios desea más de ella. En su camino hacia su hogar, se encuentra a un amigo, y le comenta su deseo de dialogar con un sacerdote, quien le pone en contacto con San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

A sus 27 años discierne su vocación, que consiste en profundizar su trato con Dios, a través de sus ocupaciones de la vida ordinaria y la oración.

Atendió varias actividades apostólicas, conectaba naturalmente con las universitarias debido a su profesión y les ayudaba en su formación tanto académica como espiritual.

Viajó a México para impulsar el mensaje del Opus Dei en nuevos sitios. Trabajó en algunos centros de estudios secundarios y universitarios.

Muchas veces podemos estar tentados a dejar de aspirar a cosas grandes, a renunciar a nuestros sueños, porque palpamos nuestras limitaciones y errores. Guadalupe nos enseña que es posible soñar y llegar lejos si, a pesar de nuestras dificultades, confiamos en Dios, en su amor por nosotros.

Pero ¿Cómo era la oración de Guadalupe?

Como la tuya, la mía con alegrías, tristezas, fallas. Guadalupe comprendió que “santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta”. En el libro “Letras a un santo” recopilan una selección de textos epistolares de Guadalupe a san Josemaría donde le expresa los avances de oración, actividades apostólicas que le habían encargado, y su trabajo.

Ella se sentía mirada por el Señor. Supo encontrar a Dios entre fórmulas químicas y su trato con quienes le rodeaban, indicaba que la oración hace maravillas. Incluso había temporadas que le costaba concentrarse en la lectura, rosario u oración, pero a pesar de ello perseveraba.

Narraba en sus cartas que solo frente al oratorio podía ver sus defectos, humildad y entregar las preocupaciones.

Le escribía en una carta a San Josemaría durante su estadía en Bilbao “La oración es un pedir y pensar en los pequeños problemas del día, tan continuo que a veces pienso que debo aburrir al Señor, pero estoy segura de que Él lo comprende. ¡Noto tanto su ayuda!”

¿Entregas tus preocupaciones al Señor?

San Josemaría decía: “Si –por tener fija la mirada en Dios– sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres”. (Surco, 856).

Guadalupe lo hacía muy bien, comentan las personas que trabajaban con ella que siempre tenía un gesto de cariño y una sonrisa en sus labios, le agradaba que sus amistades mejoraran el trato con el Señor, para ello encomendaba a cada una.

Le confesaba Guadalupe al fundador del Opus Dei: lo mismo en la oración, que en las cartas que le escribo a usted, que al hablar con don Pedro (el sacerdote que le atendía), me vacío de todo lo que me preocupa y me siento ligera para coger todo lo que el Señor ponga sobre mí.

¿Rezas por los demás?

En la oración no solo podemos pedir por nuestros problemas, sino también hablarle al Señor sobre todos los que conocemos y sus labores. Guadalupe decía jaculatorias por las actividades que le habían contado.

Es importante indicar que no solo por ellos, sino también por mejorar nuestro carácter y también rezar por las personas con las que a veces no se comparten opiniones, san Josemaría en Camino mencionaba que: “No digas: esa persona me carga. —Piensa: esa persona me santifica”. Toda ocasión es adecuada para interiorizar el diálogo con Dios.

¿En todo momento se puede hablar con Dios?

Sí, el Papa Francisco, en un artículo del diario ABC, afirma que Guadalupe es un ejemplo laico, tanto para la fidelidad, alegrías con su contexto, que sabía conciliar labor de la enseñanza con el anuncio del Evangelio.

También en medio de las ecuaciones químicas, laboratorios, experimentos, allí supo contemplar a Dios con voluntad, valentía, fortaleza para realizar cada actividad que muchas veces le costaban, pero recordaba que así son los caminos de gracia en la tierra.

Guadalupe cumple el Evangelio (Mt16, 24-27): “Entonces les dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque él que quiera salvar su vida la perderá; pero él que pierda su vida por mí, la encontrará. Porque, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el hijo del Hombre va a venir en la Gloria de su Padre acompañado de sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta”.

Su Discipulado

Ayudó a muchas personas a trazar horizontes, metas, abrir la mente y corazón. Fue beatificada el 18 mayo de 2019, gracias a la curación milagrosa de Antonio Jesús Sedano, que padecía de un tumor maligno de piel en el ojo derecho. Una noche, cuando faltaban días para su intervención quirúrgica en la que le extirparían el cáncer, Antonio acudió a la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, sus palabras fueron: «Tú puedes hacerlo, haz que yo no tenga que ser operado, eso es poca cosa para ti». Al día siguiente, el tumor había desaparecido por completo.

Aprovechemos cada instante de nuestras vidas para compartir con el Señor todos los emprendimientos que tengamos para que nos dé luces, y hacer la vida agradable a los demás. Es bueno tener en cuenta las palabras que Guadalupe siempre le decía a Dios en su oración: “¡Dame a conocer el camino que he de seguir!”.

 

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