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El verdadero orgullo

SEÑAL DEL CIELO

El amor cristiano

Es común ver en los medios de comunicación grupos de personas que usan a Dios y a nuestra fe como un escudo o una excusa para enfrentar a los que no comparten esa misma fe.

Es que, aunque Jesús vino para amarnos a todos, algunos aseguran que Él nos entendería que amemos menos a quienes tienen formas de vida opuestas a las nuestras.

Pero, me gustaría que por un momento te hagas esta pregunta: ¿qué es realmente el amor cristiano?

Cuando me pongo a reflexionar, llego a la conclusión de que NO es opcional amar a los que son diferentes. Y de manera especial, debemos amar a aquellos que han sido discriminados, rechazados y ofendidos por la sociedad.

La caridad

Es inconcebible que donde existe amor no exista también la caridad. No me refiero a dar caridad en el sentido de limosna, o cuando sentimos que tenemos más que otros y nos vemos obligados a dar algo nuestro a los menos afortunados.

Al contrario, me refiero al trato con cariño, a reflexionar dos veces antes de hablar de manera negativa de otros, y de intentar, que cuando tratemos con quienes son o piensan diferente, que se lleven el mensaje que es realmente cristiano: el amor.

El mes del orgullo

Es dudoso que haya alguien que no sepa que junio es el mes del Orgullo. Si estás en la lista de correo electrónico de alguna entidad corporativa, habrás recibido la celebración triunfal de la comunidad LGBT+ anunciada en tu bandeja de entrada. Muchas empresas buscan mostrar su “inclusividad” durante este mes de junio.

El mes del orgullo, y sus patrocinadores comerciales, son una clave apropiada para comprender las prioridades del Occidente moderno. Celebra la autoafirmación hedonista burlándose de los valores del pasado y utilizando el lenguaje de la inclusión para excluir a cualquiera que no afirme sus mismos valores.

Parecería que no es la forma más amable y eficaz de conseguir nuevas empatías.

El arcoíris

Tanto para los impulsores del Orgullo como para los cristianos, el arcoíris es un signo importante. Para la comunidad LGBTQ+, es ostensiblemente el símbolo de la inclusión, para los cristianos (y para los judíos), el arcoíris es todo lo contrario: no es una afirmación de la autonomía humana, sino de la dependencia humana de Dios.

Es una señal de la promesa misericordiosa y de la tolerancia de Dios frente a la rebelión, es un recordatorio del pacto de Dios con todas las criaturas vivientes.

Personas de fe

Como personas de fe, queremos arrojar luz sobre los temas difíciles: que ya son acalorados de por sí. También queremos que se vea, por nuestro comportamiento y manera de hablar, que la Iglesia a la que pertenecemos y que nos ha formado nos anima a ser siempre compasivos y misericordiosos. Te recomendamos esta meditación que habla sobre la caridad que arrastra.

La inclusión, respeto y tolerancia son valores positivos que pueden ayudar a visibilizar también a otros grupos que siguen rezagados (sordos, ciegos, ancianos, personas con capacidades diferentes, etc.). Hay que descentralizar estos significados para ampliar sus áreas de acción. Todos necesitan nuestra caridad cristiana.

Qué dice la Iglesia

La Iglesia es una madre y convoca a todos sus hijos. Tomemos como ejemplo la parábola de los invitados al banquete: «los justos, los pecadores, los ricos y los pobres, etc.« (Mateo 22, 1-15; Lucas 14, 15-24) son los que se sientan con el Señor.

Además, el Papa Francisco nos pone en guardia frente a una Iglesia «selectiva» de «pura sangre», que no es la Santa Madre Iglesia, sino más bien una secta que busca rechazar a otros, dejando fuera a los que más lo necesitan.

Dios ama con ternura

 

Afirmamos que Dios se acerca con amor a cada uno de sus hijos, a todos y a cada uno. Su corazón está abierto a todos. Él es el Padre y Su «estilo» es la cercanía, la misericordia y la ternura.

Cuando el Papa Francisco regresó de Brasil a Roma en 2013, dijo algo que tuvo mucha repercusión: “Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? […] No se deben marginar a estas personas, por eso. El mismo Cristo nos advierte que no debemos juzgar.

El Catecismo de la Iglesia

Dice el Catecismo de la Iglesia, que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba.

Nos pide que sean acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Advierte que se deberá evitar, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.

Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

Las personas homosexuales están llamadas a vivir la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Acoger, con amor

Es importante que acojamos a los LGBT+ con cariño, respeto, y sin juzgar. Porque quien debe juzgar es solamente nuestro Señor: “No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mt 7,1).

En ocasiones, este discurso recuerda la posición moral frente al divorcio. Al igual que los LGBT+ que no viven la castidad, las personas divorciadas que no guardan la abstinencia carnal, tampoco deberían acercarse a recibir la comunión sacramental.

La doctrina se hace vida

Es interesante ver como muchos grupos LGTB+ han encontrado en esta enseñanza una manera de adquirir la paz, les podemos sugerir este documental donde varios Gays, Lesbianas y Transexuales hablan de sus experiencias y cómo vivir la castidad les ha dado una profunda paz.

La doctrina tiene que hacerse vida. Y si queremos transmitir una doctrina recta, tenemos que transmitir a Jesucristo a través de todas estas obras de fraternidad y de caridad. Porque no podemos tener una doctrina recta si el corazón no está volcado a los demás. Como explica esta meditación.

Amar al pecador, odiar el pecado

La Iglesia sigue el ejemplo y la enseñanza de Cristo con claridad; condena al pecado, pero trata con misericordia al pecador. Por eso nos anima a acoger a las personas LGBT+ y en la acción pastoral, sostenerlos comprensivamente en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptación social.

Vale la pena resaltar que esta atención no debe degenerar en una aceptación de la actividad homosexual como algo loable. Por eso se puntualizó: «Quienes se encuentran en esta condición deben, por tanto, ser objeto de una particular atención pastoral, para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable» (Ver más aquí)

El arcoíris de la diversidad

Volvamos a encontrar en el arcoíris nuestra diversidad y unidad bajo la mirada misericordiosa de Dios. Hay que saber ayudar y nunca discriminar, pero también cuidar a nuestros hijos para que puedan distinguir los actos morales positivos de los negativos. Amar a cada persona, pero rechazar la ideología.

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